El juego

Había venido para buscar lo nuevo, había dejado mi tierra. Todo estaba quedando atrás para encontrar lo que tanto he estado anhelado. ¿Pero cuál era ese anhelo? ¿Qué he sido yo? ¿Qué soy? Un necio. Un rompedor de ilusiones y quebrantador de corazones. He probado los labios de innumerables mujeres, y bajo mi tacto sus desconocidas geografías, las insuficientes para calmar este desbocado corazón y llenar aquel vacío de mi alma. Ese deseo infernal que cada segundo que transcurre me carcome. Ninguna caricia ha sido tan satisfactoria ni esperanzadora como lo fue la tuya, tan fría pero cálida para hacerme creer en mí propia existencia. Nunca creí que encontraría a alguien que me llenara de una forma tan exquisita, ni todos esos cuerpos que terminaron entre mis sábanas. Sí. Me sentía poderoso, único. Era un egoísta consumido por arrogancia, por orgullo al creer que nadie se podía negar a mi encanto, sin embargo, yo caí en el suyo. Tu belleza me sedujo, hechizando en un instante, caí en tu juego y ya no fui capaz de salir de él. 

Te recuerdo. Fuiste la primera en llegar, la que me hizo intuir de que sería un buen día, aunque algo dentro de mí, lo sabía. Quería que jugaras mi juego, el cuál siempre salía victorioso. Ahora me cuestiono ¿por qué? ¿Por qué rayos se me ocurrió? Ojalá hubiera una forma de olvidarte, borrarte de mi memoria, de mis manos, de mis labios. Tus caricias quemaban como si el sol mismo estuviera a unos pasos de mí. Era inevitable, tenía que seguir las reglas, las mismas que yo había inventado. Me acerqué a ti, perdida entre el gentío sin saber qué hacer; sin dudarlo te ofrecí mi ayuda. ¿Pero que estaba haciendo? Estaba rompiendo mi propia regla. Tú debías buscarme a mí. Debías ser la que cayera a mis pies, la que me buscara y me necesitara como un sediento necesitará de agua. Así te quería, que me desearas con tanto ahínco, que no pudieras vivir sin mí. 

No importaba que rompiera mis propias reglas porque lo valías. Valías que pusiera sobre la mesa mi propio ser, con tal de tener tu belleza a mi lado. Jugué sucio, esas trampas me hicieron perecer en la culpa. Eras parte de un juego, el que no se jugó con justicia. No. No podía hacerte esto, no podía conformarme con desear probar tu piel sobre la mía. Yo te necesitaba enteramente. Tu calor, tu cuerpo, tus besos, tu alma. Te entregaste a mí para ser uno solo, para que complementaras mi corazón. Eras feliz, yo glorioso. Pero algo me acongojaba. Esa culpa, ese juego que ya no significaba nada. Sin esperarlo, llegó ese momento al que tanto temí para contarte la verdad. Temía que fueras a enfurecer, temía que te fueras y no volvieras nunca. Temía perderte y no encontrarte en medio de tanta oscuridad. Tuve miedo, no quería sucumbir ante la soledad ni el abandono. Pero lo que me dijiste, lo que escuche lo cambió todo. Me sedujiste, querías que yo cayera rendida ante ti, de rodillas ante tus pies. Mi mirada te había cautivado, cada vez que veías mis labios te invitaban a caer en la lujuria. El amor es un juego en el que ambos podemos jugar. El gran mujeriego, aquel don Juan estaba enamorado. 








Mi vehemente musa

El amor me acongoja,

si te veo me condiciona,

con mi libertad atrapada

para sentir tu palpitar.


Tus cabellos de la noche,

vuelan con el soplar de mi aliento

Tus orbes zafiros, mar eterno,

que ahoga mis penas.

Ha sido tu boca girasol,

sonrisa de marfil,

la que ilumina el vacío.


Mis labios anhelantes,

deseosos quieren probar

tu piel y sentir tu alma.


Atardeceres ocultos,

frágil rostro,

piel mármol

en mis manos.


Besos malditos,

se adueñan de mi

con un trago.

Lágrimas, gotas de tinta

resbalando por mi alma

para caer en papel.


Palabras mudadas en poemas,

quieren sentirte

y consumirte.


Hechizadas caricias,

derriten mi condena.

Cada latido escribe versos,

sedientos exigen ser escuchados.


Tu voz, néctar de los dioses,

me traen de vuelta,

el Inframundo, el hogar en donde

danzo con la soledad,

mientras tus labios predican

en el desierto.


El corazón late,

el reloj avanza y yo,

me enamoré.

Saudade

Esa persona amada sabe como herirte, sabe de la distancia y el vacío en tu interior acompañado de una duda existencial. Buscas mantener una llama interna, con un deseo ferviente de no ser extinguida. El profundo viento va llenando ese hueco, avivando el recuerdo de nuestra tierra, la melancolía procedente del saber algo de alguien, o esa posibilidad de no volver a verla, con un temor si no regresa a nosotros. Saudade es la presencia de la ausencia. Un anhelo de algo, el afán del recuerdo, del cual será difícil de volver a experimentar. Ese profundo estado emocional donde se mezclan las tristezas y los afectos para dejar un sabor agridulce de lo lejano, aunque la esperanza se mantenga a nuestro lado. Un sentimiento capaz de recoger al mismo tiempo, el recuerdo dichoso pero al igual doloroso, ese punto de encuentro entre la alegría de la memoria y la tristeza de la ausencia.

Ese estado de ánimo derivado de la soledad para trascender de el, para tomar consciencia de la importancia de esa persona y de cada momento en nuestra vida. Tener en claro. Nada será igual al instante pasado pero quedan las vivencias compartidas, una felicidad a través de los artistas porque al sentirla, vamos más allá para recordarla y sentir el pesar, porque es imposible recuperar esa sensación placentera. Es sentir la vida con cada poro de nuestra piel y aprender a valorar el entorno. Cada instante, un detalle, esa persona la cual logra despertar ese estado emocional entre la pena y la felicidad. Saudade. Este sentimiento mientras escribo, el dolor mientras siento amor, de la apariencia y hasta del abandono.

¿Qué escribo?

Por la mente me transcurre una infinidad de libros, aquellos que me llenaron de vida y me sirvieron como inspiración para desear ser escritora. Esa novela que aparece en mis sueños, esperando a ser escrita para poder transportar a todos a un nuevo mundo. Esa misma que anhelo esté detrás de un escaparate, resaltando mi nombre justo debajo del título, que incita a las personas a querer comprarlo y saber que pasa a través de las páginas; o quizás ese cuento, el que podría contarse a los niños por las noches antes de que Morfeo acuda. No le encuentro algún sentido ponerle una etiqueta a lo que quiero escribir, porque las palabras te incitan a arriesgarte a probar lo nuevo, a romper lo común.

Lo más importante y lo que me llena de satisfacción ha sido el deseo que tengo de compartir mis ideas, el tener el deseo de crear mundos alternos, los que permiten un escape de la monotonía en la que solemos sumirnos con frecuencia. La cuestión más importante no es lo que quiero escribir, sino el por qué y para qué. Mi motivación no es aspirar a tener una vida de lujos o de fama, sino es esa ambición que creció en mi interior de vivir de mis propias palabras, aquellas que puedan dejar una huella en los demás; esa codicia de que los desconocidos se conviertan en lectores y vivan aventuras a través de las páginas, proporcionando un consuelo cuando más lo necesiten. 

Aforismos


Del latín aphorismus, y este del griego ?φορισμ?ς (definir), el aforismo es una sentencia breve y doctrinal que se propone como regla en alguna ciencia. El término aforismo fue utilizado por primera vez por Hipócrates. Y fue posteriormente aplicado a la ciencia y, finalmente, a todo tipo de principios.

He aquí algunos de mi propia autoria:

El verdadero amigo es aquel que desnuda tus miedos para mantener tu esencia, el que cuida tu alma para sacar la mejor versión de ti mismo

La ignorancia es peligrosa pero la comprensión equivocada asesina

La verdad es una belleza que se transforma en una bestia si no sabes cómo tratarla

No existe debilidad alguna, solo la que uno quiere que sea así

Cada error cometido se convierte en un buen maestro

No hay peor tropiezo de aquello que no quieres aprender

El infierno no es aquello que oyes sino lo que decides callar

La verdadera amistad no busca excusas para la distancia

La vida no se define por tomar decisiones correctas, se define por ser valiente para alcanzar la felicidad descubriendote a ti mismo

El dolor es necesario para que un corazón sienta. Se convierte en tu mayor fortaleza y te demuestra que estas vivo


Aquí está el enlace donde se publicaron algunos aforismos en Nagari Magazine.

Escribir

¿Qué escribo?

Por la mente me transcurre una infinidad de libros, aquellos que me llenaron de vida y me sirvieron como inspiración para desear ser escrit...