Todas las estrellas

A Mariana Sánchez


“Me molesté aquella vez que no querías contarme lo que te pasaba, porque aunque yo tuviera problemas, tú estabas mal. Escuché como te caías a pedazos mientras tratabas de decirme lo ocurrido.” La nota de voz terminó de reproducirse, aquel mensaje de audio tenía bastante tiempo de haber sido recibido. Aquella chica fue invadida por la nostalgia que evocaba los recuerdos, escuchar la voz de su musa provocaba en ella sonrisas y lágrimas. La poeta, una persona con paciencia que parece no tener límites, introvertida y tímida, y que por puro ocio releía u oía de nuevo las conversaciones que tenía con su mejor amiga. Le costaba vaciar el chat, la cantidad de imágenes, videos, memes, stickers, audios incrementaron con el pasar del tiempo. Deslizó el dedo entre los mensajes destacados, reprodujo la pista: “Eres para mi, una persona confiable, una persona que se preocupa por los demás; alguien a quien le importo, alguien que me quiere y que me va a decir la verdad, aunque a veces te cueste trabajo, porque la verdad duele y tú tratas de que yo esté bien. Eres una buena amiga, sensible, con tacto y una persona que es inmensamente leal, y que puede escucharte si necesitas ser escuchado, ayudarte si necesitas ser ayudado. Has estado para mí.”


Pausa. Los pensamientos se arremolinaron en la mente de la poeta, la nobleza era una virtud que la caracterizaba, sin embargo también era una de sus debilidades. Su abuelo le enseñó a hacerse responsable de cada acto, a cumplir con cada promesa realizada, es por ello que su palabra tiene valor. “Eres alguien irreemplazable, tú no eres para nada imprescindible, porque tú eres una amiga que necesitas que esté ahí. Eres muchas cosas.” Sin duda, Mariana lograba recalcar cada virtud suya, aunque también era aceptada por aquel lado oscuro que tenía: la indiferencia en situaciones de dolor, la frialdad y apatía de un corazón que se cansó de esperar. Su amistad había surgido de una espontaneidad, cuando a la poeta le comenzaron a gustarle los libros, le llamó la atención escribir su propio final de la historia, así que con el tiempo se dejó sucumbir ante la escritura. Siendo fanática de Harry Potter, surgió la idea de crear una historia en donde sus amigos y ella fueran los protagonistas. “Soy de la mejor casa, del glorioso Salazar Slytherin,” mientras que ella pertenecía a la casa de Gryffindor. “Quisiera ser como Severus Snape, tener esa habilidad de poder controlar las emociones, porque eso es lo que a veces te impide llegar a la grandeza, así que si me debo describir diría que soy, hasta cierto punto, egoísta, y muy difícil de conmover mi corazón.”


La poeta negaba con la cabeza, sabía que Mariana mentía, su corazón no era tan complicado de conmover, y menos aún con el oficio al que se dedicaba. Una escritora y la otra una futura politóloga o política, sin duda era alguien a quien le gustaba la acción, hacer cosas para cambiar al mundo y en ocasiones, eso generaba un perfecto equilibrio entre ambas. Esa frase tan característica de Sirius Black “¿que sería la vida sin un poco de riego?” se había vuelto su mantra, a veces suele ser impulsiva, aunque gracias a la influencia de su mejor amiga, ya se toma el tiempo para pensar las cosas antes de actuar. “Me gusta pensar que algo de mí se está quedando en ti, también me gusta pensar que aprendo mucho de ti y aunque no hago las cosas como me dices, lo tomo en cuenta. Estás en cada una de mis decisiones, gracias por nunca irte. No sé qué hice para que sigas siendo mi amiga, a pesar de ser muy rara; como te lo dije desde un principio: jamás te voy a dejar ir, no podrás deshacerte de mí.” Ese miedo irracional al abandono que tiene la poeta no se ha ido degradando, sino ha tomado mayor fuerza; aunque ella es demasiado aventada, Mariana es lo contrario: “Sé aprovechar las oportunidades, como en la película de La sociedad de los poetas muertos, Carpe diem. Al final soy inteligente, astuta y perspicaz. No soy manipuladora como tal, pero si quiero que las cosas salgan como deseo. Siempre debo ganar.“


Tantos mensajes, tantas conversaciones nocturnas, buenos momentos, pero no fue ni ha sido fácil para ninguna de las dos. La poeta siguió recordando, su dedo continuaba deslizándose entre las notas de voz, hasta llegar a una en particular: 9 de abril. Después de haber pasado un mes y dos semanas sin saber nada de Mariana, aquellos miedos a la soledad que ya radicaban en ella retomaron intensidad, esa necesidad de querer hablar con alguien. Pasaron por su mente diversas personas pero ninguna comprendía lo que estaba sintiendo; necesitaba alguien con quien quejarse y que no actuara como juez, fue en ese momento cuando comprendió, por más que buscara, no iba a encontrar a nadie como su amiga. Es ese alguien que la deja despotricar contra el mundo, ser grosera hasta sus propios límites, la deja derrumbarse y le permite creer que es bueno rendirse cuando no es así. “Yo siento justo lo mismo por ti. No encuentro nadie que sea como tú eres conmigo. Y no encuentro a nadie en el mundo con quien yo sea como soy contigo. Me gusta como somos.” Había respondido Mariana sin titubear, con sinceridad.


Después de haber conocido la soledad, el dolor, la poeta se volvió aún más comprometida con los lazos que forma, en especial aquellas que tienen mayor relevancia en su vida. Es alguien que puede estar en todo: “Yo sé que tú vas a estar y siempre, para muchas cosas; para lo bueno, lo malo, lo triste, lo divertido. Para cuando creo que no hay para donde ir más, yo sé que vas a estar ahí de todas las maneras posibles porque yo lo haría por ti, sin dudarlo sería lo que tú necesitaras que fuera porque te amo.”  Escuchar de nuevo eso le cautivaba el corazón, había detenido la nota de voz, necesitaba respirar. “Has estado y no es fácil, yo sé que no hago las cosas fáciles para los que son mis amigos, y menos para los que son como tú. Lo complico bastante y quiero darte las gracias porque no te vas nunca. Me haces más fuerte de lo que yo creo que soy, cuando creo que no puedo lograrlo, tú estas ahí diciéndome algo muy bonito y diciéndome que si puedo, siempre te acuerdas de todo, eres demasiado especial.” Ambas siendo tan iguales pero demasiado diferentes, como polos opuestos que sin duda se atraen de alguna manera.


Mariana es la mejor amiga de la poeta, esa hermana de corazón que eligió para acompañarse en esta vida. Confidentes que se han sabido demostrar amor a pesar de no verse seguido, han estado en esos momentos difíciles, en los momentos buenos.“Soy una persona directa y brutalmente honesta, no me ando por las ramas, nunca me quedo callada, digo lo que pienso. Soy muy sincera, te digo lo que necesitas escuchar. Tus logros son lo máximo para mí, si te tropiezas, te voy a levantar, y si no me recostaré a tu lado hasta que quieras hacerlo.”


32073 mensajes de texto, 9538 notas de voz, 876 fotos, 397 stickers, 49 videos... dos personas que se aman, que se complementan. Una historia que se sigue escribiendo, la poeta no se quiere ir y tampoco permitirá que ella se vaya. Porque es justo SU POETA, porque en cada verso vivirá eternamente, y porque nunca se encuentra a una persona dos veces. Eso es ella y Mariana, son alguien que logran sacar la mejor versión de cada uno. Aquello que les hace mucho bien.

Paraíso artificial

Decides irte a vivir a otra ciudad, dejar lo viejo atrás: nuevos amigos, nueva casa, nuevos horizontes… es extraño desprenderte de los viejos hábitos, de la rutina y lugares comunes que solías visitar. La gastronomía te atrapa con el pasar de los días, ya eres parte de ese hogar aunque echas de menos un poco de tu antigua vida. Buscas empleo, decides estudiar y ampliar tus conocimientos; de vez en cuando charlas con tus otros amigos, ves que tratan de reunirse todos, sabes que si se da tú serías la única que faltaría, sientes algo de nostalgia pero eres feliz. Un día te dan ganas a dar un paseo, vas caminando por las calles, vives en lo que todos llaman pueblo mágico, y si, sabes que hay una especie de magia en el aire que te hace sentirte con confianza. A lo lejos está él, notas su presencia y al parecer le pasa lo mismo que a ti, sus miradas se cruzan por unos instantes, se sonríen. Los encuentros entre ustedes comienzan a ser recurrentes, comienza a cortejarte, a darte detalles, a invitarte a salir, ir a comer, al cine o sólo seguir conociendo más de la ciudad. Cuando menos te das cuenta, ya te propuso que fueras su novia, aceptas sin objeción, te sientes cómoda a su lado. 

Es una relación de novios normal, lo conoces más a fondo y sabes que está muy interesado en la iglesia, tú sólo eres algo creyente, de vez en cuando ibas a escuchar misa los domingos, eres una joven que te gusta salir a bailar, tomar unas cuantas copas cada tanto tiempo, divertirse, sin embargo no puedes evitar que esa gente te vea mal. Su familia no te acepta, no eres lo que esperaban para él, sólo su hermana se atreve a tratarte, a verte como una persona común con creencias diferentes. Comienzan a tener salidas los tres para divertirse un rato, todo marcha bien, no te preocupas por nada pero la envidia comienza a corroer. Una desconocida para ti, una persona de confianza para la hermana de tu novio, se cree con el derecho de intervenir en su mente. Aun así te propone matrimonio, están listos para tener una vida juntos, aceptas con emoción, comienzas con los preparativos; la iglesia, la fiesta, los invitados, la luna de miel… pero la mordida de la serpiente había sido dada mientras que el veneno quedó impregnado, no estás dispuesta a soportar nada de eso, y sabes que la pelea es inminente; no quieres quedarte callada, quieres decir lo que piensas, pero los golpes fueron dándose paso entre las palabras. Las promesas de evitar la boda te tienen sin cuidado, no sabias el daño que estaba por venir hasta que te prohibieron ser parte de la misma iglesia, de la cultura. Tu prometido de aquella ciudad y tú de otra, mundos totalmente diferentes. 

Los preparativos ya están, es momento de hablar con su padre y recibir su bendición, sigues emocionada a pesar de todo. Sin embargo, el señor tiene otras intenciones, por lo que te encierra en un cuarto para orar por ti, aconsejarte de que sigas el camino correcto, o eso es lo que dice… pero la verdad se revela. Los insultos se respiraban en el aire, eres una mujer de porquería resonó en tu mente, tratabas de engullir; te hace esa promesa de ser el encargado de divorciarlos, aún así pasas por alto todos los insultos, estás enamorada y aún así sigue en pie la boda. Llega este día tan importante para ti, se casan, aunque nadie de la familia se encuentra feliz, el asiento de su hermana se encuentra vacío. No te importa mucho, tu familia está contenta por ti, tú lo estás; la recepción pasó sin ningún contratiempo, algunos cenaron y se fueron, la pasas bien. No hay luna de miel, en cambio a la siguiente semana de tu boda, partes con tu esposo a una playa hermosa, en donde le ofrecen una gerencia a él, acepta sin miramientos, renuncia a ser líder de jóvenes, todo pinta para ser mejor. 

El primer año de matrimonio resulta el mejor, la ciudad, la vida, todo, pero ambos toman la decisión de regresar. Él deja la gerencia de su empleo, aparecen problemas económicos y otros problemas que te hace caer en una realidad que no quieres aceptar. Ver de nuevo a su familia te produce un malestar, los conflictos entre ellos aumentan, los tienes que ver todos los fines de semana, tienes que asistir a la misma iglesia. La depresión y ansiedad te acechan, se convierten en tu propia sombra, te susurran en la mente; dejas de ser tú, tu ropa es otra, te sometes a la sumisión con las largas faldas, no te permiten la tristeza o el enojo. Los demonios existen, el infierno igual, todo es dolor para ti, ese desprecio de la familia de tu esposo. Todo te duele, y sólo decides ser parte del coro de la iglesia, involucrarte tanto y dejar a un lado la vida que conocías. Tus oídos se llenan de voces, de cómo debes actuar ante el mundo, el miedo es tu acompañante más fiel, temes a hacer algo malo para los ojos de un dios inexistente. Por unos instantes, vuelves a tomar las riendas de tu vida, decides actuar por tu bienestar, acudes con el psicólogo pero ellos se enteran. Orar por y para ti, has sido poseída por cada demonio en el infierno, debes ser exorcizada de cada pecado. 

Brebajes, ayunos, plegarias, palabras sin sentido. Tú, como esposa del predicador no puede estar mal. No puede ser humana y sentir nada. La tortura oculta en tratamientos, freirte la mente es la solución, todo con tal de que mejores, o eso es la recomendación de una seudo psicóloga… él quiere un bebé, su familia anhelan una bendición… sólo te desmoronas en el abismo de la oscuridad, la ausencia te mastica. Tu abuela te ve, se preocupa y manda por ti, sólo te vas sin mirar atrás. Es ahí cuando empiezas a ver un rayito de sol, alejarte de aquellas personas, de la iglesia, de tu esposo y tomar una pastillas, tienes esperanza de estar bien otra vez. No deseas parar en un hospital psiquiátrico, le echas ganas, todas las que te quedan; te quedas un mes con tu abuela y es cuando decides pedir el divorcio, pero… él se niega, quiere una segunda oportunidad, te dice que te va a apoyar para que salgas adelante. La tranquilidad dura un mes. 

Él llega tarde todos los días, moretones en el cuello, un perfume ajeno a ustedes, al tuyo, deja de llegar a dormir. La desesperación comienza a engullirte, no quieres terminar mal, ni peor que antes. Sabes que estás en una toxicidad que tarde o temprano te va a consumir, los otros sigue presionando por un embarazo, lo intentas, te sometes a tratamientos. No lo sabes, pero tu calvario está por concluir. Te pide el divorcio una semana después de tantos chismes, aceptas sin rechistar y es ahí, cuando te encuentras a un viejo amigo. Te apoya, te sostiene en cada momento, no deja que caigas, firmas los papeles con tu nuevo acompañante. Comienzas a salir de las sombras, no importa que te queme el sol, sabes que no son las mismas llamas de un infierno que ya viviste. 

Versos de rincón

El día de rutina había terminado, la casa se encontraba vacía y los sonidos hacían eco en las paredes. El rechinar de las escaleras con cada paso de esa chica de piel blanca como las hojas de papel, de cabellos negros como las sombras. Ella entró a su habitación, la mochila quedó tirada a un lado del escritorio de madera. Se notaba cansada, una espera que parecía interminable. Una tortura con un silencio abismal atemorizante. Se miró en el espejo del tocador, estaba pálida y ojerosa. —Amas pero nadie te ama a ti —se dijo en voz alta.

El sonido del rasgueo fue perdiendo intensidad. La pluma se detuvo y con lentitud se deslizó de su mano cayendo con estrépito al suelo. Observó la tinta negra que brillaba, a pesar de la penumbra sus ojos lograron vislumbrar la palabra amor. Sus rodillas fueron abrazadas por sus largos brazos, su rostro quedó recargado en ellos mientras que su mirada apuntaba hacia lo traslúcido de la ventana. Estaba perdida en el momento, en las gotas que resbalaban por el vidrio, hechas de una lluvia que había sido fina y lejana, quizás soñada e inexistente. Gotas delgadas que formaban hilos. Con su lento escurrir descendían sobre un camino sin caricias. El tiempo fue pausado y el silencio se transformó en un grito de soledad, el aliento se escapó de su boca susurrando desde su interior. Pestañeó un par de veces, rocíos de sal cayeron sobre sus mejillas perdiéndose entre las profundidades de la oscuridad. El llanto pasó a ser sollozos, luego ya no se percibían; dejó de abrazarse mientras que su mano buscaba la hoja. La encontró a su lado, releyó lo escrito al momento en que sus dedos la fueron estrujando hasta desvanecer las letras, hasta convertir el papel en polvo. Se levantó con lentitud, recogió la pluma y caminó a la parte más iluminada y acogedora de la habitación.

—Escríbeme un poema —escuchó en la lejanía —escríbeme un poema —retumbaba en el silencio. Dejó de escuchar su voz, ahora sólo parecía ser un recuerdo. Ella era una poeta invisible. —Es una batalla perdida, entre la luz del mundo. No puedes seguir. —repitió con dolor, con agonía. El reloj rompió la soledad, tic…TAC. Las manecillas caminaban, el rincón le llamaba. Papel y pluma, ese murmullo en la lejanía —Escríbeme un poema. Escríbeme un poema…

El polvo se funde


Era la hora. Su escritorio estaba ordenado, tomó aquellas cuchillas de acero y con un último exhalar salió de sus labios, la carne de su muñeca fue penetrada por una hoja plateada mientras que la sangre corría con lentitud, siguiendo las líneas de la palma de su mano hasta la forma de sus dedos. Granos carmesí cayeron sobre el papel para impregnar sus versos. Se recostó en la cama y cerró sus ojos. Hoy no moriría. 

Los ladridos de un perro se escucharon con fuerza, rasguñaba la puerta, el alboroto había sido suficiente para que la despertara. Observó el techo unos minutos, los constantes intentos de atención del perro tras la puerta hicieron que se levantara con pesadez.

一Basta ya, Zeus 一musitó al abrir y ver al pequeño bulldog francés negro que quería salir 一Cállate. 一le puso la correa y salió. Dieron una vuelta al parque, al regresar a la casa lo soltó, Zeus corrió hacía su cojín y se tumbó. Ella regresó a su habitación para meterse al baño, por la ventana se asomaba la luz del sol y las tijeras resplandecientes como estrellas fugaces en el horizonte. 

Lo veía de lejos, abrazado a esa pelirroja hermosa. Aquellos labios fundiéndose en un beso, aquellas manos entrelazadas y caminando juntos. De sus ojos no salieron lágrimas, de su boca no hubo sonrisa más que una mueca. 一Te amo 一dijo en voz baja mientras su mano recorría su pecho, cerca del corazón como si estuviera comprobando que latía, se abrazó a sí misma, dió media vuelta y se marchó.

La casa estaba vacía, como siempre. Su habitación lucía igual como la había dejado en la mañana. Tomó la pluma y las hojas que volaban por ese viento de la ventana, se hincó en el rincón y comenzó a escribir. Esa voz la escuchaba de nuevo mientras plasmaba su ideas: Escríbeme un poema. Escríbeme un poema…

Quiero salir y poseerte.

La tinta se desvaneció por el papel, versos escritos con sangre en su piel convirtiéndose en poesía, sollozos sin agua, lágrimas secas. El reloj latía, el velo de la noche la envolvió con suavidad. Lo intentaría una última vez. Vivir o… morir. Lo intentaría mañana, lo intentaría el siguiente día, y el siguiente del siguiente. El rincón la esperaría siempre para escribir versos en soledad.

El deportista

La alarma de tu celular suena. Te despiertas con un sobresalto, tus dedos tantean en la mesita que está a lado de la cama buscando al culpable del ruido. Basta con un fugaz desliz en la pantalla para acallar el sonido. Cierras los ojos, regresa la calma pero de nuevo se escucha el sonido. No te mueves mucho, tu mano se desliza otra vez por la pantalla. Silencio. Comienzas a sumergirte en el sueño hasta que se rompe por el mismo sonido de hace unos minutos. Fastidiado abres los ojos y silencias la alarma definitivamente. 6 a.m. El sol comienza a salir, los primeros rayos de luz entran por tu ventana: somnoliento haces a un lado las cobijas, te sientas un momento ausente y la mirada perdida en la nada; después de unos largos segundos, que podrían ser minutos, te levantas, buscas la ropa adecuada y cómoda que necesitas. Te pones unos leggins negros y una playera blanca sin mangas. Ajustas tus tennis azules, tomas tu maleta y pones algo de ropa limpia. Tomas tu celular, bajas a la cocina, rellenas tu termo de agua y sales hacia la mañana. Caminas por las calles, observas a las personas presurosas, adormilados que van hacia sus destinos. Tomas el autobús mientras por tus audífonos reproducen la música que te infunde ánimos.

Llegas al gimnasio, dejas tus cosas en un locker, sacas una pequeña toalla de tu maleta junto con tu termo. Decides hacer unos minutos en la caminadora, comienzas haciendo algo tranquilo pero poco a poco vas subiendo de intensidad. Correr lo más rápido que te permiten tus piernas mientras que las gotas de sudor comienzan a resbalar por tu rostro, revisas el reloj. Ya es suficiente, es momento de hacer la rutina que tanto te importa, inflar tus brazos, darles formas y dejar de tener esa flacidez que te incomoda. Quieres dejar de sentirte gordo, quieres realmente ser como lo que te dicen tus amigas: estar mamado. Es la motivación que funciona para que puedas levantar las pesas y no rendirte a la primera oportunidad. Tomas las más pequeñas, subes y bajas los brazos al son de la música que resuena en tus oídos; quieres probarte hasta llegar a tus límites. Sigues subiendo el peso, exhalas cada que tus brazos están arriba, tomas unos segundos y lo vuelves a hacer. Minutos después dejas caer las pesas, respiras hondo y bajas al suelo para hacer flexiones. Una, dos, tres… diez, veinte, treinta, cuarenta, cincuenta… sigues repitiéndote en tu cabeza que eres capaz de terminar las repeticiones, tú puedes con todo. Noventa, cien. Es todo por el día, te sientes satisfecho por haber culminado con éxito tu rutina, hoy son los brazos mañana serán las piernas. Te dan escalofríos de pensar en el dolor del siguiente día pero estás dispuesto a tomar el reto. 

Las duchas están vacías, dejas que el agua te ayude a relajarte. Tus brazos comienzan a punzar, sabes que el verdadero dolor vendrá más tarde. Tratas de no demorarte mucho, quieres regresar a casa a comer algo antes de irte a tus clases de inglés. El camino de vuelta es monótono, apenas llegas del gimnasio picas algo de fruta que engulles con rapidez. Se te está haciendo tarde, tomas tu mochila y metes en ella el traste donde guardas un poco de arroz blanco y verdura. Sales y tomas el Metrobús para ir a la escuela, miras la hora de tu celular, lo sabes, vas a llegar después de las once de la mañana. El viaje comienza a darte algo de sueño, sin embargo no te duermes. Una estación, se abren las puertas, salen persona y otras entran. Sigue avanzando, tú sigues esperando no llegar tan tarde. Te vas acercando a tu destino, te acercas a las puertas mientras otras personas igualmente esperan bajar. Al abrirse las puertas, todas se apretujan y se avientan, te dejas guiar por los empujones hasta que logras respirar un poco de aire. Te acomodas bien tu mochila y caminas hacia la salida, te detiene una multitud que espera a que cambie el rojo del semáforo. Ves que algunos ignoran la señal y se cruzan evadiendo a los pocos autos que pasan. Llegas a tu salón de clases, tuviste que pasar por todo el campus hasta llegar al enorme edificio gris. Tu amiga ya está ahí, te ha guardado un asiento, un gesto que le agradeces. No llegaste tan tarde, el profesor apenas va entrando al salón. Comienza la clase de inglés, las dos horas pasan volando y cuando menos lo notas, ya vas de camino hacia el metrobus. Va lleno, en una de las paradas logras encontrar un asiento vacío. Tomas asiento, te ofreces para llevar las mochilas de los demás, ellos se niegan; es tu oportunidad para comer, sacas tú traste y una cuchara, les invitas a tus amigos, uno a uno agarra un poco sin interrumpir su charla. El reno, ese apodo que le queda a la perfección a uno de ellos, muestra tu intolerancia y homofobia. Se te hace absurdo todo lo que dice, las chicas tampoco están de acuerdo con nada de lo que sale de su boca. Te metes en la conversación, opinas que no tiene nada de malo ser gay, tus amigas argumentan que tienen amigos que son gays y los aceptan como son. Ellas empiezan a perder la paciencia, tú no le das importancia. Nunca te habías preguntado cómo es que son amigos, sabes que sólo lo tienes que tolerar unas cuantas horas al día. 

Es el final de la línea del Metrobús, se despiden, cada uno toma un camino separado para llegar a sus respectivas casas. En casa te espera trabajo con tu papá, o si no estás tan cansado, algo de ejercicio extra. No siempre te dejan tarea, sin embargo debes de repasar para los exámenes que se avecinan. Tienes que pasar de nivel de inglés, quieres la acreditación y para ello debes alcanzar cierto puntajes en cada evaluación. Te cuesta pagar el curso y tus padres no pretenden ayudarte, es por ello que te esfuerzas más. Así se convierte en una rutina diaria, ir al gimnasio: darle forma a tus piernas o a tus brazos, ir a clases de inglés y tratar de pasar cada mes, soportar los comentarios del Reno, regresar a casa y trabajar con tus padres. Quieres hacer algo más de provecho, se avecina la convocatoria para la universidad; llevas tres intentos y te preocupa no volverte a quedar. 

Repites nivel de inglés, te quedas por varios meses en intermedio hasta que logras pasar a avanzado. Las cosas han cambiado desde aquel día con tus amigos. El Reno se marchó, decidió hacer otras cosas que seguir estudiando un idioma. Ya no tienes contacto con él y A se atoró en avanzado. Lo repitió cinco veces, la mandaron a exámen de ubicación. Se rindió, pero aún así no dejó de ir a la escuela, compartió una clase contigo y con Y, el maestro no mostró interés alguno ni se enteró que no estaba en su lista. Con el pasar de las semanas, justo cuando lograste pasar a avanzado dos dejaste de saber de ella. No supiste que Y y A tuvieron un problema, se dejaron de hablar, se dejaron de ver y sólo te quedaste con Y. Supones que la vida así es, con cambios buenos o malos, pero el último rechazo para entrar a la universidad te dió un tremendo golpe. Te deprimiste, dejaste de ir al gimnasio y los kilos de más regresaron. La dieta dejó de importarte, la presión que ejercen tus padres te consume. Te sientes un inútil, te quieres dar por vencido con inglés; fallas en los niveles que debes repetirlo una y otra vez. Piensas que la mala suerte te persigue, no tienes ni una puta idea de que hacer hasta que lo conoces. No te importan los prejuicios, no te importa lo que piensen los demás y por primera vez, después de mucho tiempo, agradeces que no tengas en tu vida a un supuesto amigo como El Reno. Basta con Él, sólo él. Es cuando decides echarle huevos a la vida, a sobreponerte de nuevo, estar de nuevo mamado. Te hace sentir especial, sientes su cariño pero no puedes evitar sentir miedo. Tratas de no pensar en ello, tratas de disfrutar lo que tienes. Tomar su mano, disfrutar de días tan simples como ir a caminar, perderse por lugares que no conocías. Comer en sitios nuevos, ya no te comer cosas que no sean sanas. Sigues yendo al gym, a veces él te dice lo genial que te ves. Te motiva, sigues haciendo pesas, flexiones, sentadillas, abdominales. Rutina tras rutina, seguirás intentando entrar en la universidad hasta lograrlo. 

Lo miras, él te regresa la mirada. Darías la vida por tenerlo siempre, tú corazón se desboca cada que lo tienes cerca. Su respiración en tu cuello, su aliento recorriendo tu quijada hasta llegar a tus labios. Te roba un beso, no conforme con ello, y con confianza, lo tomas con fuerza para que no escape. Dejas que el beso se convierta en un baile, una explosividad de emociones, tu lengua y la de él se agitan mientras su mano busca la tuya para entrelazarse. Necesitas respirar, se separan, ves en sus ojos sorpresa y una sonrisa formándose. Sientes la felicidad consumir a la tristeza, es todo lo que necesitas para superar todo lo que se te presente. Estás tan pleno, sabes que no es momento de aceptar que estás enamorado, sólo quieres disfrutar todo lo que tienes con él. Pero de un día a otro, las cosas comienzan a cambiar. Notas su indiferencia, deja de responderte los mensajes o lo hace cada tiempo determinado, algo que no hacía antes. Apenas y lo ves, lo único que te dice es que está ocupado; tratas de entender lo que está pasando, tratas de no tener pero es inevitable. Le preguntas directamente qué sucede, quieres saber si tú eres el culpable. ¿Qué hiciste mal? Nada… tratas de convencerte de eso, sabes que tendrás que esperar a que las cosas se normalicen, darle tiempo y espacio. Navegas un rato por tus redes sociales, sigues tu rutina como antes, ir al gimnasio, trabajar con tus padres, estudiar un idioma. Te motiva que estás a nada de terminar el curso, ya casi logras la acreditación, ahora sólo te falta aprobar el examen de admisión a la universidad. Ya no quieres estar haciendo nada; deslizas tu pulgar por la pantalla táctil y de pronto ves una foto de un chico, a su lado está él. Sus palabras te queman, te arde el corazón al saber que su amor fue una farsa. Quieres llorar pero no lo harás, no. Tampoco tienes ganas de saber nada, en tu interior algo se rompió. Tienes un mensaje de A, una felicitación por tu cumpleaños y eso reduce el dolor que sientes. Te pasa su número telefónico, lo guardas pero no envías un mensaje. 

Lo extrañas, pero es mejor haber terminado lo que tenían, si es que hubo algo. Piensas que es mejor hablarlo con alguien, así que buscas entre tus contactos el nombre de A y le mandas un mensaje. Te responde de inmediato, te pregunta cómo estás; quieres responderle con la mentira de siempre bien pero no brota de tus dedos. Sigue haciendo preguntas, no sientes que sea chismosa y sólo dejas fluir la conversación. Le cuentas todo lo sucedido, expones tu corazón roto y sirve de alivio momentáneo. Te aconseja que le escribas todo lo que sientes a él, como si estuviera enfrente de ti. Le agradeces, ella te dice que si necesitas algo ahí estará, la dejas en visto. Le haces caso, comienzas a escribir, se vierte todo el amor que aún te queda en el cuerpo en un hoja de papel. Te sigues esforzando en el gimnasio, no quieres seguir deprimido, cada gota de sudor que resbala hasta caer al suelo es cada gramo de olvido hacia él. El corazón es un músculo y tú no dejarás que se seque.

El netflix del amor

Después de un día agotador, un buen plan para distraerse del trabajo o la escuela es quedarse en casa a ver una película. Se puede elegir entre filmes de acción, drama, comedia, terror, fantasía o animadas y basta con tener cualquier aplicación como Netflix, Amazon Prime o HBO; encontrar en su catálogo algo que quieras ver y listo, a disfrutar. El amor también se divide en diferentes tipos, como el amor filial: reúne los afectos que existen entre padres e hijos, y que se extiende a otros familiares como abuelos y nietos. El amor romántico: surge de una atracción de emociones hacia otra persona y amor fraternal: aquel afecto que existe entre hermanos y se extiende a los amigos más apreciados, implica cuidar el uno del otro, estar atento a lo que le ocurre para prestarle la ayuda que necesite; pero ¿Acaso no es posible amar de la misma manera a mis padres como a mi mejor amiga? Categorizarlo es un error, el amor es un sentimiento de cariño que se origina de la gratitud, reconocimiento y convivencia, y conlleva acciones de manera desinteresada.

Al decirle a mi padre que me iba a cambiar de carrera universitaria para dedicarme a la escritura, pensé que me iba a dar un discurso del porqué eso era una mala idea, sin embargo me respondió que sí eso quería hacer estaba bien. Lo único que quería para mis hermanos y para mí era lo mejor. Daniel Hillard de la película Papá por siempre, pierde la oportunidad de estar con sus hijos cuando se divorcia. Para poder verlos de nuevo, gracias a su talento como actor y la ayuda de su hermano, se convierte en la señora Doubtfire; faldas y tacones es lo que necesitó para disfrazarse de mujer y trabajar como niñera con la intención de convivir más en la vida de sus hijos. Mi madre como mi padre estuvieron en la presentación de mi primera obra teatral y me han apoyado en cada una de mis decisiones. Si me enfermo me cuidan, me regalan momentos divertidos, me motivan para alcanzar mis propios sueños y metas. Me educaron de la mejor forma posible para que sea una persona de bien. Lo que sienten por mí es inmedible e inalterable. Lo mismo sucede con mis hermanos, como la mayor de los tres, recae en mí la responsabilidad de cuidarlos y la necesidad de protegerlos ante cualquier problema, aunque ellos también hagan lo mismo conmigo. Como aquella vez que fuí a un concierto de Mago de Oz con mi hermano, él estuvo al pendiente de que la multitud no me apretujara en la emoción de la música, me cuidó en todo momento. Es inevitable contar todas esas veces que mi hermanita me hiciera dibujos o cualquier detalle por mi cumpleaños. Peter, Susan, Lucy y Edmund Pevensie, quienes pertenecen a la historia de Las Crónicas de Narnia, escrita por C.S. Lewis y adaptada al cine, y su primera entrega: El león, la bruja y el ropero, descubren el mundo de Narnia. Uno de ellos, Edmund, es engañado y encarcelado por la Bruja Blanca, por lo que sus hermanos buscan la forma de dejarlo en libertad y para ser parte de una batalla y liberar a todos del frío. Sin dudarlo, yo también daría mi vida por las de mis hermanos, pero si llegara a pasarles algo no sé qué haría. En un accidente de auto, Sam pierde la vida dejando muy afectado a su hermano Charlie, quien se siente culpable. Abandona sus estudios y su prometedora carrera en las velas. Más allá del cielo es una historia que muestra ese vínculo entre hermanos, con el que sus personajes son capaces de comunicarse, verse e incluso practicar béisbol aún después de la muerte.

Del modo en que la familia te muestra apoyo, los amigos surgen en la prosperidad, se necesitan en el infortunio y permanecen en tiempos de dificultades. Intentan salvarnos de peligros y nos brindan consejos oportunos, comparten nuestro dolor y nuestra felicidad. Mariana es mi mejor amiga, y si tengo que describir cómo es nuestra relación diría que es un todo. Ella es analítica, yo soy impulsiva. Ella odia la cerveza a mí me gusta, ama el tequila a mi no. Es Slytherin yo soy Gryffindor, estudia ciencias políticas y yo soy escritora. Aunque somos dos polos opuestos, aprendimos a conocernos tanto que pudimos construir confianza, la necesaria para poder desarrollar una conexión inexplicable. Es algo similar a lo que sucede con Milly, una mujer que lo tiene todo: una carrera exitosa, un esposo estrella del rock y dos hermosos hijos. Su mejor amiga es Jess, que trabaja en un jardín comunitario, vive en un cobertizo con su novio Jago y desean desesperadamente un bebé. Ya te extraño es la historia sobre estas amigas desde la infancia que no pueden recordar un momento que no hayan compartido secretos, ropa, incluso novios; sus diferencias son el pegamento que las une, eso es hasta que Milly es golpeada con la noticia de que tiene cáncer de mama y necesita el apoyo de Jess más que nunca. Cuando Diego, un compañero de la carrera, le rompió el corazón a Mariana, estuve con ella en cada momento sin importar la hora o que yo tuviera ocupaciones, la ayudé a superar esa decepción amorosa, ya sea con sólo escucharla o contarle algún chiste para que riera, quería que se sintiera mejor. La cuido, me cuida, la aconsejo, me aconseja, la regaño, me regaña; el amor que nos hemos demostrado se ha cultivado, cuidado, respetado y valorado.

En algunas películas, los protagonistas tratan de alejarse del amor de alguna u otra forma, incluso se auto sabotean porque creen que no merecen ese sentimiento, y al final lo encuentran, pero en algunas amistades sucede lo contrario, esa búsqueda tan incesante del amor parece llevarlos a la soltería eterna. Las novias de mis amigos, donde Jason, Daniel y Mickey hacen un pacto después de que uno de ellos haya quedado destrozado por la ruptura de su matrimonio, prometen mantener su soltería durante el máximo tiempo posible. El plan se viene abajo cuando el amor llega a sus vidas, por lo que rompen el pacto al no poder seguir ocultando lo que sienten. Yo hice lo mismo con dos amigos: Mauricio y Galilea, los fracasos en relaciones pasadas y la simple soledad nos orillaron a realizar una apuesta. Aquel que se casara primero permitiría a los otros dos elegir ciertas cosas de la boda, como la corbata, el vestido de novia o el menú. Al estar confiados en que ninguno tendría una pareja, y cuando nuestro trato pasó a ser olvidado, Mauricio terminó enamorándose. Su novia y él pasan tiempo juntos, apoyándose mutuamente, siendo realmente felices y quizás en cualquier momento ellos terminen perdiendo la apuesta. En mi caso, la soltería sigue latente pero eso no me impide vivir enamorada de Mariana; vivo del amor que me profesa, y vivo de cada momento que decide compartir conmigo, de tanta complicidad, y eso no significa que busque satisfacer mis necesidades carnales. El amor no debe ser sexualizado, y aunque entre nosotras haya una conexión íntima, es una relación muy estrecha donde, hemos conocido todo de nosotras, tanto nuestras virtudes como nuestros defectos. Harry Potter al ingresar al colegio de magia se hizo amigo de Hermione Granger, que a lo largo de los años, se cuidaban tanto que su amor creció, velaban por los intereses del otro. En Las reliquias de la muerte: parte 1 ambos tienen una escena conmovedora en la que, al compás de la canción O´Children de Nick Cave, bailan con tal de olvidarse por un rato de la guerra mágica, y de la ausencia que les dejó su amigo. A pesar de ese amor demostrado, cada uno terminó teniendo una relación romántica con los hermanos Weasley: Ginny y Ronald, respectivamente. Sam Gamyi, un hobbit de la Comarca que pertenece a la trilogía del Señor de los anillos, fue un gran amigo de Frodo Bolsón. Lo acompañó por varios meses hasta el Orodruin, a destruir el Anillo Único. Al volver del viaje se casó con Rosita Coto, con la cual tuvo trece hijos. Buzz Lightyear, el típico juguete de acción que apareció para suplantar al Sherriff Woody en la película de Toy Story, y que por una serie de circunstancias, ambos terminan haciendo equipo para regresar con su dueño Andy. Se convierten en los mejores amigos, sintiendo tanto amor que cada uno está dispuesto a dar la vida por el otro. El concepto de amor no es subjetivo, pero sí lo es en la forma en que se manifiesta, cada uno lo vive de una manera totalmente diferente.


Al crear una lista en netflix o en amazon, agregamos las películas que nos gustan más, las que nos entretienen o las que son nuestras favoritas, esas mismas que no nos cansamos de ver una y otra vez. Es similar al momento de amar a alguien, si se tuviera la oportunidad de no despegarse nunca de aquella persona amada, se haría con tal de compartir tantos momentos felices a su lado. La esencia del amor radica en el buen trato, en aquella inclinación por entregarse a alguien y mostrar interés en la vida del otro. Es ese algo que nos completa, nos alegra y da energía para convivir. Es posible que algunos no logren entender lo que es amar, porque el amor no debe tener etiquetas ni medidas, es un afecto personal puro y desinteresado, que no exige ni limita, algo que es y debe ser transparente. Es un sentimiento sublime, intenso y pasional, una luz pura en la oscuridad.

Dagda

En el bosque de Lugh existía un reino, era demasiado sombrío y la luz de sol nunca entraba por esos lares, en aquel castillo vivía un joven rey. Era rico y poderoso, atractivo pero de sentimiento frío y malévolos, sin ningún respeto por nada, el poder que tenía lo aprovechaba para tener sometido a todos, nadie estaba con él por lealtad sólo por temor. A pesar de los esfuerzos que hacían bellas doncellas por estar a su lado, ninguna era digna de enamorarlo ni hacerlo cambiar, aunque en su interior latía con fuerza un temor.


—Mi señor, sé de su poder y de su grandeza ¿Cómo es que ninguna doncella lo ha atrapado?

—¿Atraparme? 

—El amor, señor. 

—¿Y para qué querría eso?

—Quizás tener un heredero y preservar su reino.

—Luché para quedarme con el reino, le arrebaté el trono a mi padre ¿Por qué quisiera dejarselo a un niño?

—Señor, el pueblo buscará la forma de deshacerse de usted...

—¡Callaos! —gritó el rey molesto —soy el único que estará sentado en esta silla. 

—El algún punto morirá. 

—¡Lárgate de mi vista!

A pesar de su enojo, sabía en el fondo que su sirviente tenía razón; aunque defendiera el trono, no podía luchar contra la muerte, quizás podría morir repentinamente de una enfermedad o ser asesinado pero tampoco le agradaba la idea de tener un heredero. No tardó en encontrar una solución; si el rey Arturo tenía como consejero al mago Merlín ¿Por qué él no podía tener a un mago que estuviera a su disposición que le enseñara a evitar la muerte? Decidido a esa idea, el rey se enfrascó en un buscar las antiguas leyendas; días y días buscando algún indicio de que verdaderamente existiera un hechicero, estaba a punto de rendirse cuando encontró un mapa. Siguió el camino que le indicaba, se adentró en el bosque de Lugh, una sensación de que era vigilado corría por sus venas, no paraba de girar la cabeza por todos lados, el miedo comenzaba a invadirlo. 

—No entres. —dijo una voz que hizo eco por entre los árboles. 

—¿Quién dijo eso?

—Sé cual es tu más grande temor.

—Yo… —respiró hondo —Yo… no… no... tengo temores. —una sonora carcajada se escuchó por todos lados. 

—Eres un débil humano, incapaz de sentir amor.

—Tengo corazón, sé amar. 

—¡MIENTES! —retumbó en el aire produciendo un rayo que iluminó el lugar. 

—No miento —titubeo —puedo sentir amor. 

—No lo creo.

—¿Cómo lo demuestro?

—Tú sabes cómo.

—No lo sé. 

—Si lo logras te daré lo que más quieras. 

—¿Lo que sea?

—Tienes mi palabra. 
—Acepto.

—Debo advertirte que si tratas de engañarme, sufrirás las consecuencias —advirtió la misteriosa voz. 

—No lo haré —respondió el rey. —¿Puedo preguntar quién eres?

Pero al parecer la voz desapareció, algo decepcionado por ello con miedo salió del bosque pensando en la mejor forma de demostrar que podía sentir amor; sólo se le ocurría una forma: casarse. Decidió organizar una fiesta para conocer doncellas y casarse aunque ninguna le atraía. Ninguna cubría sus exigencias, necesitaba un lugar tranquilo para pensar mejor, salió a tomar un paseo fuera de su castillo, cuando encontró lo que buscaba. Esa bella damisela hermosa, se acercó a intercambiar palabras con ella y notó su inteligencia, era todo lo que podía desear aunque no tenía sangre real, era una campesina. 

La fiesta se llevó a cabo, la doncella aceptó la invitación bastante sorprendida por el atrevimiento del rey, no pensó en que alguien como él se fijara en ella. Siguió recibiendo cortejos hasta que fue inevitable que se casaran; todos estaban felices por los dos, por la nueva vida que tendrían. Una noche, el rey consideró que era momento de obtener su recompensa, ser inmortal y tener más poder; se adentró una vez más en el oscuro bosque, la sensación de estar vigilado hizo que se le erizaran los vellos de la nuca. 

—He venido por mi recompensa —su voz no sonó fuerte ni segura.

—¿Qué recompensa?

—He demostrado que sé amar. 

—Todavía no has hecho. 

—Claro que sí, me casé con una hermosa doncella.

—Eso no dice nada.

—¡He cumplido!

—Te daré una última oportunidad —la voz se fue desvaneciendo hasta dejarse de escuchar. 

El rey regresó a su reino frustrado y enojado, su esposa al verlo trató de consolarlo, pero él la despreció. El tiempo transcurrió, a pesar de todo era probable que comenzara a sentir algo, ser amable con los demás. Ella y él por fin pudieron tener una noche en la intimidad pero su ambición fue más grande. El plazo culminó y el rey acudió al bosque para encontrarse con la misteriosa voz pensando en la eternidad. 

—He cumplido. Ahora dame lo que quiero.

—TU ARROGANCIA —retumbó en la noche —TU SED DE PODER FUE MÁS GRANDE.

—No sé de qué me hablas.

—¿NO LO SABES? TRATASTE DE ENGAÑARME.

—No...

—¿ACASO YO MIENTO? —volvió a retumbar —PAGARÁS CARO. 

—Yo... no…

—SOY DAGDA, DIOS DE LA MAGIA Y A TI, REY DE LUGH, TE CONDENO A PERECER EN TUS MIEDOS. —un rayo verde iluminó todo, con fuerza golpeó al rey —TUS HIJOS Y LOS HIJOS DE TUS HIJOS NO VIVIRÁN A SALVO. —Sin más, todo se apagó dejando inconsciente al hombre. 

Los gritos de su esposa lo hicieron despertarse, estaba aturdido, sin saber cómo es que había llegado al palacio. Lo último que recordaba era haber estado en el bosque, cuando el dios de la magia le lanzó una maldición. Tragó en seco al no tener idea de lo que significaba eso, se levantó para lavarse la cara, se miró en el espejo y vio que su reflejo era un niño ¡PUFF! Era el mismo de antes. Respiró con profundidad, decidió salir a dar un paseo, entre el camino había ramas en las cuales su túnica se quedó atorada. Alguien más le arreglaría la ropa y ¡PUFF! se había convertido en araña, su más grande temor; quería correr pero caminaba en ocho patas y ¡PUFF! Era de nuevo un humano. Estaba asustado, no sabía qué ocurría, la maldición del dios brillaba en su cabeza. Sus miedos. Tenía que contarle la verdad a su esposa, no podían tener hijos sino los condenaría. 

—Perdóname.

—¿Por qué? —preguntó extrañada —Sé de algo que te pueda alegrar.

—Nada podrá hacerme feliz. 

—Sí, seremos padres. Estoy embarazada. 

—No… —comenzó a llorar —Lo he condenado. Y todo por mi arrogancia y mi ambición —dijo con lágrimas en los ojos.

—¿De qué me hablas? No me vas a perder.

—Por mi culpa mi hijo va a ser como yo.

—No entiendo. 

—He sido condenado a una maldición.

—Estas lágrimas que derramas demuestran tu amor hacia nosotros.

—Te traté muy mal.

—Has aprendido a amar, te preocupas por tu hijo, y eso es amor.

—Él sufrirá las consecuencias. 

—Pero tú estarás con él. Deja de preocuparte por el pasado y vive el presente.

El rey se sentía triste por lo ocurrido pero su esposa tenía razón, por fin comprendía el amor, y aunque estuviera maldito podía tratar de controlarla y ayudar a su hijo, quererlo sin importar la apariencia que tuviera. Los años transcurrieron, el rey supo gobernar de una manera totalmente diferente y Lugh se convirtió en un sitio lleno de luz, educó a su hijo sin dejarle de dar amor. Cuando tuvo una edad mayor le explicó sobre su maldición, el rey pensó que lo odiaría, sin embargo, fue una gran sorpresa saber que no le importaba, y que para él era un don otorgado. 



Eduardo Molina

Estudios en colegio militar formación escuadrón 201 entrenamiento en ciudad deportiva misión en boulevard pto aéreo defensa de la constitución de 1917 triunfo sobre el general Anaya heridas en centro medico descanso en viveros milagro de san antonio abad una chica de polanco Eugenia su nombre cena con ella en bellas artes citas citas anillo en la villa viaje a Jamaica platillo de camarones regreso en hangares un guerrero noticias en hospital general nacen niños héroes llegan los reyes paseo en parque de los venados defensa en insurgentes buscar la paz atrapado en una refinería recuerdos de coyoacán bum explota granada sangre sangre cuerpos ver doctores camino a barranca del muerto descanso en Panteones. 

Canuto

La voz de la muerte
entre el viento susurró,
y a mis oídos llegó.
El augurio de tragedia
retumbó en mi corazón.

Ante la negrura sucumbí,
las estrellas titilantes brillaban
con el pasar de mi moto.

El valle del valiente Godric,
ante mis ojos surgió,
el encanto Fidelio roto
y su casa en mil pedazos quedó.

Familia que llamé amigos,
mi compañero entrañable
de aventuras y risas
sin vida en el suelo lo encontré.
El amor de su vida, la pelirroja Lily
y el brillo de sus ojos extintos..
Dos almas rendidas
ante la noche el sueño eterno.

Fidelidad corre por mis venas,
firmeza en mi carácter,
con osadía busqué al culpable.
Lo llamamos amigo,
bajo nuestra protección vivió,
y un merodeador era.

Su nombre resuena en las calles,
resuena en mi mente.
Colagusano, no lo olvidaré.
Acorralado contra el miedo,
varita en mano nos enfrentamos.
Mentiras de su garganta salieron,
al compás que su varita danzó.

Rugidos, destrucción,
cadáveres y sangre.
Inocentes avasallados por el silencio,
y la culpa en el aire se respiraba.
Ni de la nada ni de humo,
lo vi desaparecer.

De rodillas rendí,
el ciervo asesinado,
el lobo perdido en olvido,
la rata huyendo, un vil cobarde
y el perro enjaulado,
perecimos en la tragedia.

Clamé inocencia y traidor me llamaban,
en el tiempo, mi humildad perdí
y venganza deseaba en la locura,
Peter Pettigrew llamaba en sueños.
En un chucho me transformé,
y en el pasado viví.

La noche nos llamó,
el aullido de lunático,
el recuerdo de cornamenta
y las pulgas de canuto se unieron.
Los merodeadores estaban de vuelta.

Letras

Observo. Callo. Espero.
Me encuentras. Me tomas.

Soy ese libro
ansioso
que entre tus páginas
espera
el tacto de tu belleza.

Escondido entre la tinta
deseoso de salir.
El caminante en el sendero
de las letras que busca vida.

El polvo se pierde
en la luz, el tiempo se desliza
al igual que tus dedos
sobre mi piel.

Suspiros acompasados
en el silencio.
Mi corazón palpita
con cada palabra
dictada.

Preso de tu seducción,
de tus deseos.
Preso de tus manos,
de tus anhelos.

Quiero salir y poseerte.

Filosofía

Los colores dejan de ser claros, las cosas a tu alrededor pierden su forma.Vas corriendo por las calles, chocando con un sin fin de personas sin siquiera otorgarles disculpas; no llevas reloj pero sabes que estás llegando tarde a la escuela. Alcanzas el camión justo en la parada, depositas las monedas en la alcancía y el chofer te ofrece un ticket. Tomas asiento al fondo, sacas un libro de filosofía de tu mochila para sumergirte en la tinta de los pensamientos; tus ojos los vas sintiendo pesados con el pasar de las páginas, decides dejar hasta ahí la lectura y para que el sueño se apodere de ti mientras llegas a tu destino. Pestañeas tratando de encontrar sentido a lo que ves, despiertas por completo, sigues atorada en el tráfico, te preocupas porque todavía te falta un largo tramo para llegar al metro; una voz resuena en tu mente, el tiempo y tú son como el amor, totalmente incompatibles. Pegas tu frente al vidrio de la ventana, el camino está lleno de autos de todos los colores, detenidos pitando con fuerza como si eso les hiciera avanzar más rápido. Suspiras, vas a perderte la primera parte de la clase, esperas tener algo de suerte y poder llegar no tan tarde.

Una hora atorada en el transporte, sabes que te espera el agobiante encierro del metro y las miles de personas que lo usan para llegar a sus destinos. Alcanzas un lugar disponible, las puertas se cierran, respiras un poco después de toda tu travesía, cuando estás comenzando a tomarte las cosas con calma recuerdas que no hiciste la tarea. Sacas tu celular, esperas que ningún inconveniente sucede en ese lapsus. Abres la aplicación de word, la hoja en blanco y dejas que los gritos en tu cabeza se escuchen mediante las palabras, estás tan sumergida en el ruido, las personas son ajenas a tu momento que te pasas de estación. Al darte cuenta, tomas tu mochila y sales corriendo apenas se abren las puertas, esquivas a todos los que te encuentras en el camino, debes llegar al café internet que está a una cuadra de la escuela para imprimir tu trabajo. Apenas le das un vistazo a lo que escribiste, con la hoja en mano echas a correr de nuevo, y pasa lo que tenía que pasar. Te estrellas con una señora que vende gelatinas, para su fortuna no se le cayeron pero te sientes avergonzada por lo sucedido; retomas tu camino, doblas la esquina, estás a pocos pasos de llegar a la escuela. Entras, saludas rápidamente y subes a tu salón en donde interrumpes la clase. El profesor sonríe al verte, estás sin aliento las disculpas salen apresuradas, tomas asiento y tratas de prestar atención a lo que resta.

Se termina, echas raíces en una de las bancas que hay en la cafetería de la escuela, comienzas una plática con una de tus compañeras de clase. Hablas y hablas, ella no dice mucho pero tampoco te molesta, es agradable; de vez en cuando suelta una acertada respuesta. Comienza a ver su reloj, supones que tiene que irse, te levantas del asiento, te despides de los demás que están cerca y se marchan. Tú vas por metro, ella sigue de largo para cruzar la avenida, esperas que el viaje de regreso sea más tranquilo. Deseas llegar pronto para hacer tarea, las puertas del metro se abren, entras y te dejas llevar. Para tu fortuna no hay tráfico, el recorrido en autobús resulta ser menos agotador, llegas a casa y directo vas a buscas algo en el refrigerador para comer. No hay gran cosa, decides hacerte un sandwich mientras te encierras en tu habitación, tienes que leer un libro y escribir un ensayo, sólo tienes esa tarde para lograrlo, te recriminas que hayas desperdiciado todo un mes. Ficciones de Jorge Luis Borges, has avanzado muy poco en las páginas y no has logrado entenderle, no deseas caer en la desesperación pero te preocupa el trabajo. El reloj no se detiene, sientes explotar tu cabeza así que decides darte una vuelta por tus redes sociales para distraerte. Te aparece una ventana emergente, el inicio de una conversación, uno de tus compañeros de clase. Respondes su “Hola” con rapidez, te pregunta como vas con la tarea, te consuela saber que él tampoco lo ha leído, sigues recibiendo mensajes de motivación, te gustaría seguir hablando pero prefieres intentarlo una vez más con la lectura.

Te sumerges en la mente de Borges, sigues leyendo las palabras, digieres su alma y logras sentir como se apiada de tu espíritu para darte el privilegio de entenderlo. El sentimiento te comienza a llenar el vacío, dejas resbalar las lágrimas al comprender cada una de las oraciones que leíste. Abres un archivo, la hoja en blanco está lista para ser llenada con tus revelaciones a la par que tus dedos comienzan una danza con las teclas.


Imágenes se vuelven infinitas sin conocer un principio o fin; espejos que muestran reflejos, infinidad y simetría; a su vez, muestran vacío, imágenes que parecen ser verdaderas pero que pueden desvanecerse. Sueños y realidad, elementos que se abordan, ¿Y si todo lo que uno siente, si las tristezas o alegrías es una proyección?

¿Será parte de una irrealidad?

Apenas llegas a la mitad de cuartilla, no se acerca a lo que te pidió el profesor pero sabes que es muy contundente. Te sientes emotiva por la lectura, observas el reloj, te das cuentas de las pocas horas que te quedan para dormir. Te metes en la cama para dejarte controlar por la magia de Morfeo. La alarma del celular resuena un par de veces antes de que la apagues y te levantes bastante somnolienta, te metes a la regadera y tomas un baño. Logras llegar a la escuela con un retraso de diez minutos, el profesor te pide tu trabajo y se lo entregas, no te dice nada, esperas que te vaya bien. Él comienza a hacer hincapié en tu vida mientras el pasado te abraza con fuerza, los recuerdos son convocados y tus heridas amenazan con volver a abrirse; ese Voldemort que regresa, su sola mención ha sido un tabú. Aparece cuando menos te lo esperas, y te causa algo en tu interior, deseas dejarlo atrás, deseas que te deje vivir en paz. Se lo cuentas, te aconseja y te dice que debe ser asesinado, él también tiene a alguien así. Él lo hizo, él la mató y ya olvidó, te cae bien, entre ambos va floreciendo una confianza. Recibes una libreta en donde te pide que anotes todas tus ideas, la aceptas cohibida sin saber qué decir. Esa tarde, quieres hacer algo diferente, salir a disfrutar del mundo, encontrar historias. Te invita a recorrer la vida misma a su lado, aceptas ir a comer con él mientras van los dos en el taxi. Van al cine, te dejas llevar por las sensaciones que dejan la pantalla grande junto con la oscuridad y el silencio envolvente de la sala. Notas algo diferente en su mirada, un brillo especial… lo reconoces, tu mente te dice lo que sucede, sientes miedo y retrocedes. No es momento, te niegas.

Por la calle caminas, aparece ante tus ojos un bello girasol que está vendiendo un señor, pero no llevas el dinero suficiente para comprarlo, él se ofrece a darte el necesario, tu cabeza se mueve de un lado a otro. Ya pasarás en otro momento, sin embargo al siguiente día te lo regala, se lo aceptas. Te sientes dudosa, recuerdas aquella vez, cuando un niño te obsequio un dibujo, lo rompiste por la mitad porque no querías nada. Esa niña malvada desea regresar, te niegas aceptar que algo entre ustedes puede pasar. Sientes miedo, la ansiedad llevaba caminando a tu lado por un tiempo sin darte cuenta de ello, sólo decides encerrarte en tu mundo y en tu habitación, sin bocados, sin bebida, sin nada. Tus problemas te quieren ahogar, la mente grita, dejas de ir a la escuela, no te sientes para nada bien. Se preocupan tus padres, es momento de retomar la terapia.

Lo ves, está deseoso de platicar contigo. Te entrega una hoja, conoces su talento. Lo lees bajo su atenta mirada, ese poema impregnado de algo suyo. Te conmueve, pero sabes que es demasiado, tratas de sonreír para que el silencio no se vuelva incómodo, le dices algo al poeta, está en un estado ausente. Se miran a los ojos con ese acuerdo mutuo de fingir que nada pasó, toman caminos separados, te sientes confundida, no quieres a nadie por el momento, no sería correcto, no estás lista… o eso crees. El poeta está cayendo en un olvido mientras que él, tu amigo trata de de apagar el infierno de tu interior. Los buenos libros están destinados, caen en las manos correctas en el momento ideal, y así sucede contigo. Louis Lambert de Honoré de Balzac se convierte en tu compañero diario. Devoras con avidez sus letras, la tinta se impregna en tu alma, sientes como la inspiración quiere algo de atención, así que tomas una pluma y escribes la historia. El poeta no te deja de mirar, te escucha mientras lees lo escrito, el resto de tus compañeros opinan, te sugieren ideas, deseas corregir tus errores, quieres que eso sea leído por el mundo, es necesario que los otros lo conozcan, así te lleve años piensas terminarlo.

Y de pronto, el poeta hace uso de tus ideales. Te sientes traicionada y engañada, no puedes creer que él haga eso. Te enfurece, te molesta que haga alarde de tus palabras. Te envía mensajes que decides no contestar, quieres romperle su dibujo por la mitad, quiere hacerlo esa niña de antaño. Cruzan de vez en cuando caminos, no lo miras ni siquiera salen sonidos de tu boca ni de la suya, los ves confundido pero ha dejado de importarte, es mejor así. No te interesa nada del poeta. Tus amigos siguen ahí, cuidándote de alguna forma, y luego está él… sigues sin aceptar nada, piensas que ensuciaras un alma pura, eso no le importa porque te ilumina. Da vida a esa marchita flor que eres, a esas Flores que ansían ser amadas después de todo. Él… sólo él se convierte en tu Louis y lo necesitas, lo quieres a pesar de sentir miedo, también lo siente, lo sienten los dos. Aún así buscan con desesperación intentarlo, morirán en el intento y es cuando piensas que es momento de descongelar la distancia. El poeta te ha estado esperando, lo ves en sus ojos y aceptas lo que te había negado por tanto tiempo. No puedes corresponderle, sin pensarlo brota lo que sientes por él, brota lo que tu corazón palpita. Se lo dices, y no para hacer daño, no pretendes que sufra pero es inevitable. El poeta te escucha atentamente, sientes que algo dentro se quebró; por tus venas corre aquel miedo irracional hacia él, y aunque el poeta tiene los versos necesarios para ti, tienen que ser desechados.

La poesía está destinada… y su tinta, su esencia no te pertenece. Quieres intentarlo con él, a pesar del miedo a que las cosas salgan mal, él es tu inspiración. No quieres consumirlo en u oscuridad, no pretendes que las Flores se marchiten, mantienes la esperanza de que te de oxígeno, te de vida, más de la que necesitas. Tu nombre es Flores, un girasol que busca la luz para sobrevivir, al poeta lo consume los versos…

No soy ni un pensador ni un moralista, sino sencillamente un hombre de letras que refleja en sus escritos su propia confusión y el respetado sistema de confusiones que llamamos filosofía, en forma de literatura.

Jorge Luis Borges.

A ti… te consume la filosofía.

El poeta



Haces y deshaces. La vida es como una película sin un avance que puedas ver. No sabes lo que te espera pero aún así decides vivirla. Vas por las calles tomando fotografías, capturando los momentos que te encuentras en los parques, en las avenidas, en las plazas; ese niño comiendo un helado te llama la atención. Sacas tu cámara de la mochila con rapidez, enfocas, aprietas el disparador. Congelas el momento. Su padre se da cuenta y decide echarte bronca, respondes que sólo es una foto, sin fines lucrativos. Ese señor te lanza una advertencia, en su mirada está escondido el insulto; lo sabes. Sabes que te quiere decir que eres un pervertido por andar viendo niños y tomandoles fotos. Pero no te importa, piensas en la esencia de lo que acabas de capturar: la inocencia, la felicidad pura. Te gustaría regresar a esa edad. Suspiras. Decides caminar para ver qué más te encuentras. Tomas unas cuantas fotografías más, te tomas un minuto para revisar la cámara y ver el material; ya es suficiente. Es momento de regresar a la oficina. 

El autobús va lleno, vas de pie observando a la gente, en tu mente se empiezan a formar palabras, historias que se complementan con las fotografías. Te urge llegar para tomar papel y pluma. Una hora tardas, te encierras y tomas asiento en tu silla, sin preámbulos agarras una hoja en blanco, y dejas que tu mano se deslice, salen palabras grandes, pequeñas. Te detienes un momento, lees lo escrito, no te agrada, tachas por aquí y por allá. Sigues escribiendo todo lo que tienes en la mente, sigue sin convencerte. Comienzas a fastidiarte, así que tomas tu cámara para conectarla a la computadora. Revisas con lentitud cada fotografía, cada esencia captada. Te arden los ojos, llega el cansancio así que decides irte a casa; al llegar te preparas algo de comer, con plato en mano te encierras en tu habitación, enciendes tu computadora y comienzas a retocar tus fotografías. Luminosidad por aquí, saturación por allá, te llevas la cuchara a la boca. Masticas con lentitud disfrutando del sabor. Te detienes unos segundos. Ves esa fotografía que te hace sentir mariposas en el estómago, le restas importancia, sigues comiendo y trabajando. Una hora… dos… empiezas a fastidiarte de nuevo, no tienes intenciones de escribir por el momento, entras a navegar en las redes sociales para matar el cansancio en lugar de irte a dormir. Su punto verde brilla, está conectada y tu corazón comienza a palpitar con velocidad. 

Inicias la conversación con un “Hola” lo responde con rapidez, tartamudean tus dedos cuando te pregunta cómo estás, que ha estado pensando en ti. No sabes qué responder, sin embargo lo haces, le preguntas sobre la tarea, algo muy simple. Ninguno de los dos ha leído el libro que deben leer: Ficciones de Jorge Luis Borges. Su narrativa se hace pesada, apenas y logran comprender sus letras, no tienen tiempo suficiente para escribir aquel ensayo que deben entregar, la motivas para que termine el trabajo, tú… sólo te dejas llevar, dejando todo al azar. Piensas que es momento de escribir pero no lo que pidió tu profesor, sino lo que gritan las rimas en tu cabeza. Amanece, te quedaste dormido en algún punto de la madrugada, no sabes en qué momento pasó, observas el reloj, ya vas tarde a la escuela. Te cambias, tomas tus cosas y sales mientras en tu cabeza siguen resonando palabras que necesitan ser escritas. Algo te llama la atención en tu camino, sacas tu celular y tomas una foto con tu cámara. Servirá de algo después. 

Llegas tarde a clase, ella todavía no ha llegado y cuando lo hace tu respiración se detiene, se observan e intercambian una sonrisa, nadie más lo nota. El profesor habla mientras tus pensamientos divagan al igual que tu pluma. Compartes tiempo con ella, cualquier tema de conversación es bueno; hablan de filosofía, hablan de libros… no importa si es de día o de noche, cada que estás con ella tu corazón se acelera, quieres darle más. El pasado tiene pies, hace presencia invocando viejos recuerdos en heridas casi sanadas; todos tenemos un innombrable, un Voldemort que suele ser convocado sin querer. Ella lo tiene, todavía le causa algo en su interior, quiere dejarlo atrás, y tú igual. Necesitan ser asesinados, necesitan desaparecer… le aconsejas a que caiga en el olvido, mientras tú sientes como quieres entregarle tu alma, quieres serlo todo lo que necesita. Tus insomnios comienzan a tener nombre, su nombre; la confianza crece en tu interior de igual forma que el amor hacia ella, decides comprarle una libreta para que sea testigo de sus ideas. La acepta cohibida, te das cuenta que tu rutina sigue igual, con la diferencia que ya no estás solo; vas a la oficina, regresas a tu casa, vas a la escuela y la miras hablar. 

Tu corazón escribe en cada momento, la cámara reclama atención, el papel y la tinta se convierten en narradores de tu historia. Aquella tarde, la invitas a comer, acepta y tú gustoso vas todo el camino sonriendo, observando el mundo detrás de las ventanas del taxi en el que van. Ansioso, necesitado de emociones. Disfrutas compartir ese momento, no quieres que acabe, propones ir al cine y así lo hacen. Tu alma está comenzando a danzar, y las letras han comenzado a entrelazarse unas con otras. Tienes poemas impacientes, impacientes de comerse a Flores. Te pones a pensar en lo interesante que suena eso. ¿Existe algo impaciente que se pueda comer algo? Esperas que coman, tus versos están hambrientos. Si no lo hacen seguirán comiendo de tu impaciencia. Piensas en esos versos que quieren entrar como melodía… o no. ¿Quién sabe? por el oído de alguien, de Flores para consumir todo su ser. Te das cuenta que quieres que Flores, sin comillas, Flores. Flores. Flores escuche. Con mayúsculas, porque es nombre. No una rosa cualquiera. Flores que quieren tus poemas. Y con anhelos escribes. Con el anhelo del terror. Con anhelo de lo místico, ahora tus poemas con el anhelo de Flores. No una rosa, no un tulipán, no cualquier pétalo, sólo Flores. Sólo Flores. No una flor. Flores.

La poesía está destinada a alguien y en todos tus poemas están escritos con letras mayúsculas su nombre. Por todos lados está, quieres decirle que tu amor es para ella, comienzas a convencerte en darle tu corazón por completo… le obsequias flores, aquel girasol que vio y deseó se lo entregas, lo acepta. Notas su duda pero le restas importancia, el amor comienza a cegarte; deseas escuchar tu nombre de sus labios, como melodía que penetre en tus entrañas. Tu impaciencia grita, deseas que te diga algo, deseas tenerla en tus brazos para protegerla, para que sea tu todo, compartir miradas en silencio; y sin saberlo la estás perdiendo. Te invade el miedo, tus versos tienen que ser tocados por sus suaves manos, tienen que ser admirados por sus ojos, sentirlos con la calidez de su corazón. Por fin, te atreves a entregarle aquella hoja impregnada de tu esencia, de todo tu amor en cada palabra de tinta. 


Se le enrosca la magnolia a la Serpiente
Se bifurcan las miradas en
Silencio
La encuentro - El Sol las crece

Enveran enveros enervantes sus versos
Ritual, invocan los tambores
Tiembla
Se hacen verbo

Aspira a lo que aspira,
suspiros vibrifica


La miras mientras lee el poema, esperas a que diga algo. Nada. Silencio. Una gesto se dibuja en su rostro, una inexistente sonrisa. Comienzas a sentir un vacío en tu interior, algo se retuerce en tu estómago, el miedo corre por tus venas. Respiras. Apenas recuerdas lo que dijiste, ambos reflejan en sus ojos el acuerdo de fingir que nada pasó. Cada uno toma su propio camino, tú te sientes solitario, caminas por las calles concurridas de gente, deambulas mientras sacas tu cámara, tu compañera de viaje. Tomas fotos tras fotos, el disparador se escucha en incontables veces; el sol se esconde y esperas a que el telón oscuro caiga para capturar esas vidas entre las sombras. Siendo suficiente regresas a casa, el corazón late fuertemente y la mente sigue gritando.

Su silencio es un vacío… te quema por dentro mientras llevas el fantasma de un sonrisa en tu cara. Todo es una mentira, la distancia ha quebrado tus versos, caen por el abismo del olvido. Dejas de intercambiar mensajes con ella, dejas de verla y cuando tienes la oportunidad tus ojos, sus ojos no danzan en miradas. No salen sonidos de su boca ni de la tuya, nada de nada.


La Serpiente y El Sol otra vez
No le conocen y hablan del Tiempo
De sensaciones y de noches, realidades
De sueños

La sangre que me hierves
Dentro me galopan Cipreses a ti
Arboterum de manzanas
Cruejes mi cuerpo
Aromas mi alma


Te refugias en la hojas, en la tinta que escribe las historias que dictan tu corazón. Sigues tomando fotografías, creando personajes para darles voz. De pronto, después de noches de soledad, y días de sombras la ves. Te dice un vago “Hola,” tratas de responderle con normalidad, tratas de apagar el infierno de tu espíritu, sonríes con timidez. Entablas conversación, esa conexión comienza a fluir de nuevo, como la primera vez. La miras hablar, eso te hace olvidar todo hasta que escuchas que le interesa alguien. Te emocionas, tu corazón da un salto y las mariposas dormidas despiertan pero comienzan a desvanecerse cuando escuchas el nombre del otro, no el tuyo. Es momento de que lo aceptes, es momento de retirarte, es momento de que tu poesía se convierta en maldita, en sucumbir ante el real infierno. Tu alma cae a pedazos, eres conformista y decides aceptar tu destino, no ser lo que ella esperaba, lo que ella necesita. 


La serpiente al sol le deshace los sentidos,
le derrite la idea de su Voz
Lo envenena; del medicina se deja.



Te sientes herido, ya no puedes seguir fingiendo que todo está bien, y sin más, ella toma la delantera. Te saca de tu vida, y tú no sabes el por qué. Te sientes confundido, le entregaste todo lo que te pertenecía pero no te diste cuenta que ella nunca lo tomó. Quieres sacarte las entrañas, quieres dejarte consumir por tanto dolor. No sólo tu poesía es maldita, lo es la hoja, la tinta… tú. Eres el poeta maldito. El mismo que ha perdido su inspiración. El mismo que ha dejado que su infierno se aviva con ferocidad. 


Mueren las rosas en mis manos esperando…

Eres el poeta que no fue amado.




N/A: Los versos pertenecen al poema A la Serpiente de Johann De Medina

Epígrafe




Tus pasos se los llevó el viento,
la puerta está suspendida,
y por la ventana entra
el olvido del adiós [...]



[...] Dios mueve sus piezas 
y al Diablo dejamos el juego 
para descender al infierno. 
Los demonios no saben callar, 
susurran en el oído, gritan en la oscuridad,
y los hilos mueven cuando quieren.

[...] Sin ti, el viento ha borrado
las hojas de tu andar con 
el último beso que muere de esperar.


[...] De recuerdos se hace la poesía 
y el poeta intenta con desesperación 
vagar en la curva del olvido. 
Pobre poeta que busca exorcizarse 
y convertirse en una rara mutación 
para encontrar la salvación. 


Escribir

¿Qué escribo?

Por la mente me transcurre una infinidad de libros, aquellos que me llenaron de vida y me sirvieron como inspiración para desear ser escrit...