Terror

Hoy día, la noción de género gótico sugiere un inmediato referente: cierto tipo de literatura que tiene como tema lo macabro y que se desarrolló con bastante profusión a lo largo de los siglos XVIII y XIX. En campo literario, el adjetivo gótico se comenzó a emplear por una simple asociación de ideas con su uso en otro ámbito, el de la discusión estética y artística: los textos que conocemos como góticos suelen desarrollarse en siniestro castillos, ruinas de abadías, criptas y catedrales, de manera que la identificación con el término arquitectónico era muy obvia y directa. Lo gótico se convirtió en sinónimo de bárbaro, de manifestación de una época oscura y salvaje que acabó con las glorias de la cultura grecolatina y precede al renacimiento artístico del trecento italiano. La literatura gótica inglesa es uno de los pocos géneros que parece tener una clara fecha de nacimiento; los estudios sobre el tema parecen coincidir en señalar la obra de Horace Walpole “El castillo de Otranto (The Castle of Otranto, 1764) como la primera novela gótica. En 1820, fecha en que se publica el título considerado epígono y canto de cisne del género, la espléndida novela de Charles Robert “Maturin Melmoth, El Errabundo” (Melmoth The Wanderer) Montague Summers, con su libro “The gothic quest” y Devendra P.Varma con “The gothic flame,” fijaron esos cincuenta y seis años como el margen cronológico en que el género se desarrolló, alcanzando su apogeo y fue solapado después por otras tendencias. En esa etapa se distinguen tres corrientes: la histórica, la del terror y de la del horror.

La separación entre lo gótico del terror (o gótico sentimental) y el del horror (o schauer-romantik) tiene base un ensayo teórico escrito por una de las novelistas clave del género, Ann Radcliffe en donde distingue entre terror y horror como dos formas de afrontar el relato siniestro:

[El terror y horror son tan opuestos entre sí, que el primero expande el alma y despierta las facultades dormidas hacias las esferas más altas de la existencia; el otro, contrae, la congela y la aniquila por completo. Ni Shakespeare, ni Milton y sus ficciones, ni el señor Burke en sus ensayos han considerado el horror como origen de lo sublime, mientras que todos coinciden en señalar al terror como su verdadera fuente.]



El hombre de arena.

Es el cuento más célebre de E.T.A Hoffmann, publicado en 1817 en sus Cuentos nocturnos, siendo el cuento representativo del autor del género del romanticismo negro, conocido como literatura de terror gótico durante el siglo XIX.

El cuento relata la vida de un joven, Nathaniel, quien está traumatizado por la muerte de su padre, ocurrida durante su niñez. A pesar de estar comprometido, se enamora de un autómata construido por Coppelius y un cómplice. La creación, vacía y con mecanismos extraños de locomoción en su interior, pero bella en el exterior. Nathaniel cree que éste es real. Será el objeto de culto y veneración del él. Amor y fascinación por el objeto mecánico que lo llevará al descubrimiento del truco, trasladandolo a la locura y muerte “romántica”

Se plantea el concepto que lo ordinario y común puede volver siniestro y estremecedor cuando lo elemental se hace extraño. El terror se plantea cuando el hombre de arena ocupa la realidad suplantando lo que es normal; posiblemente el tema principal sea la búsqueda de la creación y la propuesta romántica se convierta en una crítica al cientificismo de la época, haciendo cuestionable la condición humana respecto al concepto de sensatez y locura.


El pueblo blanco.

Es un relato de terror escrito por Arthur Machen y publicado en 1904 en la revista Horlick's Magazine. Uno de los mejores cuentos de terror que relata la historia de dos hombres que discuten sobre la naturaleza del mal. El debate finalmente deriva en la inquietante revelación de un manuscrito: El libro verde.

Este libro prohibido, en realidad es el diario de una joven bruja y el cual, contiene los secretos más antiguos de la magia ceremonial, así también como invocaciones a viejas criaturas mitológicas. Poco a poco, el pueblo blanco se transforma en un relato apasionante acerca de la brujería. Contiene gran parte de mística y misterioso, el lenguaje secreto de Aklo capaz de otorgarle poderes inconcebibles a quien posee los conocimientos necesarios para articularla.

Este relato te hace pensar en lo que no ves, y que la sugestión es peor que ver algo horrible; no es necesario escribir sobre fantasmas, Machen demuestra que lo terrorífico es encontrar la maldad en cosas cotidianas y aparentemente buenas. Inspirado por su origen celta, habla sobre aquellos maleficios y poderes malignos invocados por esa gente pequeña, forzada a vivir en las entrañas de la tierra, donde todavía practican sus infames ritos sacrificiales.


El grabado.

Es un relato de fantasmas del escritor inglés M.R. James publicado en la antología de 1904: Historias de fantasmas de un anticuario.

Narra la historia del señor Williams, un conservador de un museo en Oxford que recibiendo la recomendación de adquirir un dibujo, un viejo grabado y corriente con características excepcionales, decide examinarlo para toparse con que la ilustración cambia constantemente, mostrando a una misteriosa criatura que se acerca poco a poco a una vieja mansión en el fondo.

Una de las curiosidades principales es que el espíritu que habita en la pintura sólo aparece dentro del objeto maldito, repitiendo una y otra vez su tragedia en esa diminuta geografía. A medida que vamos siendo parte de la narración, consideramos que lo que estamos leyendo pueda ocurrirnos en cualquier momento, ya que aquellos seres hacen su aparición lentamente.

Damos por hecho la existencia del ser fantasmagórico al estar en estado de tensión y credibilidad, de la mano del autor nos conduce para que el miedo lo vivamos de una forma paulatina y silenciosamente, que seamos capaces de sentir e imaginar las escenas para que finalmente, se desvele el desenlace y la realidad convierta al grabado en una historia de venganza inquietante


Una voz en la noche.

Cuento de terror del escritor inglés William Hope Hodgson, publicado en la edición de noviembre de 1907 de la revista Blue Book Magazine. Tiempo después sería editado en la antología de 1914: Hombres de aguas profundas.

Relata un extraño episodio marítimo en donde nos remonta a la época en que la gente no conocía toda la extensión del océano. Un pequeño bote, navegando en la espesa neblina, oculto en la oscuridad de la noche, se aproxima a una goleta en el Pacífico Norte. A una distancia que solo permite observar una silueta incierta e irreconocible; la tripulación se convierte en un testigo de una voz inhumana que emerge del bote para narrar una historia perturbadora. A partir de ese instante, la historia nos va llevando a sumergirnos en un misterio tras otro para hacernos saber del horror sin fin.

Podemos pensar que la extraña criatura del relato, una especie de fungosidad semi-humana, tiene su antecedente en Los botes del Glen Carrig, también del mismo autor, donde se anticipan las deidades tentaculares y oceánicas de H.P. Lovecraft. Mediante avanza la lectura, sentimos el misterio y terror, nos permite creer en esa serie de extraños monstruos que se extiende a nuestro alrededor.


Un juguete para Juliette.

Cuento de terror escrito por Robert Bloch, publicado en 1967 en la antología de ciencia ficción del escritor Harlan Ellison: Visiones Peligrosas.

Dicho relato parte de una imagen candorosa, una bonita joven, apenas una niña que se despierta en su habitación de espejos, lentamente se convierte asombrosamente e inesperadamente en una pequeña práctica de sadismo y perversión. Y tras este sorprendente giro, el relato da una vuelta de más y presenta un final inesperado.

Bloch decidió llevar la figura de Jack a un futuro lejano y confrontar a este sádico ¿justiciero? ¿Psicópata? Y por supuesto, todos sabemos a quién nos estamos refiriendo. Con un símbolo sadiano, una Juliette heredera del personaje creado por el que algunos denominan "el divino marqués" Es una adecuada exploración de hasta dónde y cuándo los límites del placer erótico se convierten en patología. La perversión del concepto de que si el paraíso de un sádico es la compañía de un masoquista, y si el infierno puede ser el encuentro entre dos sádicos. No es mala idea para un relato de este tipo y muestra bien que el cuento de terror constituye un óptimo vehículo de exploración de las particularidades humanas, por muy extremas que estas sean.


El tren de la carne de medianoche.

Relato de terror escrito por Clive Barker, publicado en 1984 en la antología Libros de sangre, lo cual representa lo mejor de la literatura de horror de las últimas décadas.

Leon Kaufman, es uno de esos soñadores que llegan a Nueva York para poder encontrar el tan anhelado “palacio de los placeres” De madrugada, aquel hombre descubre en el subterráneo, el destino de aquellas personas desaparecidas sin dejar rastro, masacradas sin piedad por un asesino de traje gris con pinta de carnicero, que les cuelga cual reses del techo de los vagones. Siendo él quien termina convirtiéndose en el realizador de una tarea sagrada. Toma su lugar que le ha sido destinado para cumplir con las exigencias de una horda de clientes desdentados.

Dicho relato sucede en una ciudad que vive de leyendas urbanas y míticas. La tierra prometida para muchos. El suburbano, la parte importante de dicha metrópolis que nadie es capaz de conocerlo por completo, y lo desconocido se convierte en fascinante para producir temor. Escenarios de viejos vagones chirriantes, andenes solitarios a altas horas de la noche, con momentos elegantes y sangrientos. Una historia estremecedora que se detona por una anécdota común: quedarse dormido en el metro.


El enebro.

Cuento largo de una selección de varios para Casas sin puertas escrito por el novelista Peter Straub en 1990. Un relato de los grandes del género, abandonando la temática principal del origen sobrenatural de los cuentos de esta colección, para centrarse en otro tipo de temática.

Un niño que va al cine donde conoce a un hombre bastante simpático, el cual se sienta a su lado para entablar una charla casual y tomarle la mano sin un aparente daño, sin embargo, este le obliga a hacerle cosas. Con tan solo siete años, no logra entender realmente lo que está pasando, ni nota del abuso al que está siendo sometido.

Una impecable narración, que lleva al lector de la mano hasta la puerta del terror, que una vez del otro lado, al decidir atravesar queda horrorizado y atrapado con una historia bastante perturbadora. El autor descorre el velo del mundo para mostrarnos los detalles insólitos y a veces crueles, del mundo; esos mismos que se ocultan y que habitan como los fantasmas de nuestra propia imaginación.

Peter Straub da prueba de la maestría de su poder para ver esos momentos que nos evocan a lo más íntimo de nuestra propia personalidad.


Ted, Victorie y... James

Aquel año, el otoño se adelantó. Era el primer día de septiembre. Había traído consigo una mañana tersa y dorada. Una pequeña familia cruzaba corriendo la ruidosa calle hacia la enorme y tiznada estación. En lo alto de los dos cargados carritos que empujaban los padres se tambaleaban dos grandes jaulas con sendas lechuzas que ululaban indignadas. Los cinco Potter habían llegado frente a la barrera. James miró a su hermano pequeño por encima del hombro, con expresión de gallito; luego tomó el carrito que conducía su madre y echó a correr hacia la barrera. Un instante más tarde ya no estaba, se había esfumado. Apareció en el andén nueve tres cuartos, desdibujado por el denso y blanco del vapor que salía de la escarlata locomotora del expreso de Hogwarts. No pudo reprimir una enorme sonrisa, listo para empezar un nuevo curso lleno de risas y bromas.


Los primeros vagones ya estaban repletos de estudiantes, algunos asomados por las ventanillas para hablar con sus familiares, otros discutiendo sobre los asientos que iban a ocupar. James empujó su carrito por el andén, buscando un compartimiento vacío. Encontró uno al final del tren, colocó a su lechuza y luego empujó su baúl hacia adentro. Consideró que sus padres ya habían atravesado la barrera, por lo que dejó el resto de su equipaje en el compartimiento esperando encontrarse a sus amigos, necesitaba de una buena vez ver a Fred para planear la broma de bienvenida. Salió para despedirse mientras pensaba, iba caminando por el pasillo del tren cuando vio una cabellera azul que entraba en uno de los compartimiento, una que se le hacía sumamente conocida. Su curiosidad no podía quedarse quieta, por lo que avanzó dispuesto a averiguar qué hacía ahí. Era muy raro que en esos momentos, la puerta de un compartimiento estuviera cerrado y con la cortina corrida, pero no había nada que no pudiera superar James Potter. No necesitaba de magia para poder salirse con la suya. Buscó entre sus bolsillos algo que le pudiera servir, y lo encontró.  Introdujo en la cerradura el pasador que le había quitado a su hermana. Escuchó un ligero click y abrió la puerta. La cabellera azul estaba siendo despeinada por unas pequeñas manos, pero le bastó un pequeño mechón rubio para estar completamente seguro de quienes se estaban besando tan apasionadamente. 

—Sin duda esto le agradará al tío Bill —Ambos chicos al escuchar eso, se separaron abruptamente mientras que el pelinegro se recargó en el marco de la puerta con una sonrisa arrogante. 

—Hola James —Saludó el peliazul sonrojado, que de inmediato el color de su cabello cambió 

—¿Qué estaban haciendo? 

—¿Tú qué crees, James? —preguntó la chica de igual manera sonrojada 

—Por lo que vi… —Se detuvo unos instantes—. Se estaban besando —Le respondió con una sonrisa burlona.

—Veo que eres muy listo.

—Lo sé, Torie. Es una de mis cualidades aparte de mi atractivo.

—¿Y si te vas? —preguntó la rubia poniendo los ojos en blanco. 

—¿Y si le digo al tío Bill que Teddy te estaba comiendo? —Contraatacó él—. Debe estar por ahí como Nique o Louis.

—¡No, James! —Casi gritó el chico asustado. Su cabello ahora era gris—. No es necesario que le digas algo a nadie.

—Se preguntarán qué haces aquí.

—Pues… vine a despedirme de Victorie, de ti y Albus. Es su primer curso.

—Ajá… ¿Y por qué no llegaste con nosotros? —preguntó enarcando una ceja.

—Porque… porque… no sabía que iba a venir. Ya sabes, la academia. —Cada segundo que transcurría, Teddy se ponía muy nervioso. 

—Ultimadamente James, no tenemos porqué darte explicaciones. 

—Si debes, prima. Al menos que quieras que todos los tíos trituren al pobre Teddy —El chico tragó en seco. Su cabello seguía siendo el mismo gris. 

—No te atrevas… —Apuntó la rubia con un dedo—. Ted Lupin es mi novio, lo beso cuando quiera. Así que si nos disculpas... 

—Entonces será mejor que vaya a buscar al tío Ron. Nos lo encontramos en el camino… 

—¡James! Basta —Pidió Teddy algo pálido.

—¿Qué te pasa, hermanito? 

—No… no le digas nada al tío Bill, por favor.

—Mi silencio tiene un precio, Lupin.

—¿Qué quieres? —Fue en esta ocasión Victorie la que preguntó con fastidio. 

—Lo pensaré bien y les mando lechuza —Salió del compartimiento con una sonrisa. 

—Ahora... en lo que estábamos —La chica tomó el rostro de Teddy para besarlo, todavía se encontraba algo preocupado.

—No te olvides de despedirte de Albus —Interrumpió de nuevo asomando la cabeza—. Sabes que es su primer año, y… 

—¡Por Merlín, James! 

—Ya me voy —Esperaron unos segundos. Poco a poco el cabello de Teddy fue regresando a su típico azul eléctrico. Un poco aliviado se acercó a la chica para besarla de nuevo pero… 

—No se les olvide que me la deben.

—¡James! 

—¡Lárgate! 

—Enserio. Déjame despedirme de mi novia como se debe —Ambos ya estaban perdiendo la paciencia por cada interrupción que hacía—. Si no te vas le diré a mamá la broma que le hiciste a los slytherin el curso pasado —Amenazó el peliazul.

—No te atreverías… —Ahora el que palideció fue el pelinegro. 

—Déjanos en paz y nadie dice nada.

No podía permitir que su mamá se enterara de ello. Había tenido la suerte de que ninguno de los profesores supo quién había sido, claro que tenían sospechas... Si se enteraban de la verdad, sería un Gryffindor muerto. Sólo le quedaba la opción de salir y dejar a Teddy besuqueándose con su prima Victorie, lo que al final decidió hacer. Se retiró dejándolos solos antes de que ambos salieran para despedirse de los demás. 

James había aparecido; se había librado del baúl, la lechuza y el carrito, y era evidente que tenía un montón de noticias que contarles a su familia. Al menos, nada más a ellos. Tarde o temprano sus tíos se enteraran de lo que pasa sin necesidad de que él dijera algo. 

—Teddy está ahí —dijo casi sin aliento, señalando hacia atrás—. ¡Acabo de verlo! ¿Y saben que estaba haciendo? ¡Besuqueándose con Victorie! —Miró a los adultos y se sintió decepcionado por su desinteresada reacción—. ¡Nuestro Teddy! ¡Teddy Lupin! ¡Estaba besuqueándose con nuestra Victorie! ¡Nuestra prima! Le pregunté qué estaba haciendo… 

—¿Los has interrumpido? —preguntó Ginny—. ¡Eres igual a Ron! 

—...¡Y me contestó que había venido a despedirse de ella! Y luego me dijo que me largara. ¡Se estaban besuqueando! —Añadió James, como si temiera no haberse explicado bien. 

—¡Ay! ¡Sería maravilloso que se casaran! —susurro Lily, extasiada—. ¡Entonces Teddy sí que formaría parte de la familia! 

Sin pensar que la pequeña Lily tendría razón, al pensar que un futuro no muy lejano Ted Lupin ahora sí formaría parte de la gran familia, sin importarle los problemas que le traería con los celos Weasley. 





Vox Avid

Sed de ti,
soñé el paraíso a tu lado,
en condena me encuentro.

Voz ávida,
eterno placer,
agonía de mi.
Hechizante,
grito en la lejanía

Con el deseo de tu voz,
tus caricias me susurran.
Expiran mis miedos,
mis sueños resucitan.

Que tu voz sea el mar
y ahogue mis penas.


Voz conjuro,
pena punzante.
Vuelo luminoso.

Tu voz. Ávida.
Vehemente musa,
mi pasión dañina.

El anciano

El día comienza con la monotonía. Las actividades tan banales hacen eco en medio del silencio. El ritual mañanero. Salir a correr, bañarse, arreglarse, tomar una taza de café, cepillarse los dientes y todo de una manera rápida. Personas inician la semana, que probablemente, será extenuante. Las nubes ocultan el sol y la fresca brisa golpea las mejillas de los andantes.Autos transcurren por las avenidas, el metro abarrotado por aquellos que desean llegar a su destino a tiempo. Todo está en calma. La sala de la escuela se encuentra vacía aunque con la compañía de los libros que ansiosos esperan ser leídos. El poeta llega a tiempo, olvidadizo por la cita que tenía con su alumna y quien pacientemente esperó. Se encierran en la oficina para sumergirse en las letras, en la futura novela que debe ser escrita. La asesoría termina pronto, más rápido de lo que esperó la alumna.

La escritora cruza la avenida para tomar el metrobús, en el cual toma asiento a lado de la ventana. Se pone unos audífonos para perderse del mundo ajeno a ella, saca un libro de entre su diminuta mochila y se pone a leer. Van pasando las estaciones, personas suben, personas bajan cada uno yendo en su propio camino. Acompañantes, desconocidos. Un anciano toma asiento a lado de la joven. Habla sin ser escuchado, mientras que ella al notarlo se retira un audífono terminando por quitarse el otro, de igual forma, para escucharlo interrumpiendo la canción de metal que estaba oyendo. “¿Qué libro lees?” preguntó el anciano interesado y sin intenciones de romper el hilo de pensamientos en el que se encontraba la chica. Le mostró la portada del libro en el que se leía: El suicido de la mariposa.

— Debes leer algo que no te genere daño. Lo encuentras bonito ¿No?

— Ehh sí, está interesante.

—El cerebro es como un chip de celular. Como esas pequeñas memorias que le caben mucho — Y no notó hasta unos minutos después que su maestra de redacción tenía razón con algo que le había dicho unas cuantas clases atrás, en todo momento usamos metáforas pero no nos damos cuenta de ello. Sin duda, el lenguaje es extenso —Bueno, no te vaya a hacer algo como que te incite a suicidarte — se rió negando rotundamente.

Comenzaba a ponerse entre nerviosa e incómoda por la situación. No es muy común que alguien como ella entable una conversación, y más aún con un desconocido. Sin duda su día se estaba transformando en algo meramente extraño.

—Al final lo encuentras bonito — En su mente estaba estaba flotando una respuesta “Lo escribió mi profesor,” esas palabras quedaron atoradas, las cuales no se vio capaz de expresar —¿Sabes? Yo te puedo decir como ganar mucho dinero desde setenta a noventa mil. Sin drogas ni nada —dice el anciano ante una cara incrédula de la chica — Soy vendedor de helados.

—Guau… —tenía las ganas de abrir de nuevo su libro y ponerse los audífonos. No creía lo que el anciano le estaba diciendo. Al final no era algo que le gustaba escuchar.

—Si quieres ganar dinero, entra en el comercio. Así todos se hacen ricos. Y ¿Qué estudias?

—Escritura Creativa

—¿Es carrera? Me la mataste. Yo no sabia que existía

—Eh si, existe 


—¿Y de qué sirve que tengas tanto tiempo estudiando? Mejor déjala y busca la forma de ganar mucho dinero—Era lo peor que alguien le podía decir a la joven escritora. Sus pensamientos estaban llenos de enojo y frustración. Se preguntaba cómo es que alguien podía pensar de esa manera. No juzgaba pero no le era grato escuchar eso. Estaba haciendo lo que más amaba, era hasta cierto punto, estúpido lo que le estaba diciendo el anciano —¿Cómo produces dinero?

—De lo que vaya a publicar

—Anota mi número —desconcertada y de nuevo sintiéndose un poco incomoda, la joven hizo caso. Rebuscó entre su mochila para sacar una pluma azul y anotar detrás de una hoja, escribió el número que le estaba dictando — Pero dame el tuyo también — De nuevo, sin dudarlo, hizo caso. Por unos instantes, su instinto de supervivencia se hizo presente. ¿Estaba segura de darle su número telefónico a un desconocido? La voz semi razonable argumentó que no era como que le llamara algún día o le respondiera. Vivía en tiempos difíciles del país y debía tener cuidado con la gente desconocida e incluso la conocida.

—Ah mira... ¿Y qué te enseñan?

—Poesía, cuento, crónica, ensayo...

—¿Cuánto tiempo llevas? ¿O ya vas a terminar?

—Apenas comencé y es un curso — estaba pensando seriamente bajarse en cualquier estación y e irse en otro.

—Mejor terminalo y… Vas a producir dinero creando ¿No?

—Si, los libros que escriba

—Me dijiste que te enseñan poesía. Ahí te va un poema que yo escribí. ¿Traes celular ?

—No traigo datos 


—¿No traes youtube?

—No…

—Bueno, te lo diré a capela

El anciano comenzó a recitar. Un tema del que ya no quería escuchar al menos durante los próximos días: Política. El nuevo presidente elegido que en unos meses tomará protesta. Ciertamente le era indiferente y por ende no lograba recordar el poema, así que si le preguntaban a la chica, no sabría que decir aunque debía admitir que era bueno hablando técnicamente en cuestiones de poesía. Tenía muy buenas rimas. Seguía sintiéndose incómoda y su plan de bajarse o hacer algo sin ser grosera tomaban más intensidad. El silencio acudió a ellos, se preguntó una y otra vez el por qué no se quedó dormida o fingió estarlo para ignorar al anciano.

—¿Y qué tal es tu poesía en comparación a la mía?

—Escribo poesía más libre, sin métrica

—¿Métrica? ¿Qué es eso?

—La métrica son las rimas y el ritmo que lleva

—¡Oh vaya! cada día se aprende algo — asiente con la cabeza sin saber qué más decir. No le estaba resultando para nada fácil la conversación que estaba llevando con el anciano. —¿Vas para tu casa? —de nuevo asiente con la cabeza y soltando ese suspiro. En verdad, mejor se hubiera quedado dormida cuando pudo — ¿Fuiste a la escuela? ¿A qué horas sales?

—Tenía cita con mi profesor. Asesoría.

—¿Le contaste todas tus dudas e inquietudes?

—Si —Otra vez se sumieron en un silencio en el que sólo se escuchaban los sonidos de la calle y los pocos murmullos de las personas que iban a bordo. Estaba tentada de ponerse sus audífonos y perderse en la música, o seguir leyendo su libro que le faltaba poco para terminarlo. 


—¿Tienes hijos?

—No —Esas respuestas no expresadas eran muy comunes en su mente. Quiso decirle que tenía mascotas y que quizás consideraba como hijos, sin embargo, ya estaba conociendo un poco sobre la forma de pensar del anciano, por lo que quería evitarse un sermón del cual se podría arrepentir después.

—Y no los tengas — el anciano negó energéticamente con un dedo —Yo tengo cuatro hijos, once nietos y una bisnieta que vive en Estados Unidos. Les pedía a cada uno que me diera doscientos cincuenta pesos para juntar mil ¿Crees que me los dieron? No, me respondieron que tienen gastos y que no podían. Venden casas y terrenos. Tienen dinero ¿No?

—Pues sí

—Por eso les dije que hasta ahí llegué. Que se olviden de mí. Que vayan a chingar a su madre y cada quien por su lado.

—Qué mal — en esos casos no sabía qué opinar. No lo compadecía pero a veces así es la familia, suelen resultar de lo peor.

—Ten relaciones con protección. Nada de que sin condón porque los hombres, aunque tú no quieras, te roban la voluntad. Cojete a un niño bonito —La escritora se le hizo bastante gracia escuchar sus consejos, tenía razón pero tampoco era como que se encontrara muy seguido a chicos guapos o chicos de buenos sentimientos. No sabía por qué no replicó lo dicho por el anciano — Que ellos te den su número, tú nunca les des nada. Ya me voy.

Sin más el anciano se levantó y salió por las puertas del metrobús. Apenas tuvo tiempo de decirle una vago “Hasta luego.” Pensativa de nuevo se puso sus audífonos y reprodujo la canción en la que había pausado. Retomó su lectura mientras que sus pensamientos volaban hacia el anciano. De un momento incómodo pasó a ser algo inusual. No siempre se tiene la oportunidad de hablar con personas mayores y llenas de experiencia. y ¿Por qué no? Personas sabias.

Oda a Sirius Black

Hombre valiente, 
que tu vida no dudaste en entregar
por tu hermano del alma.
Compañero entrañable 

de aventuras y risas.
Fidelidad corre por tus venas
y firmeza en tu carácter, 

por tu lealtad enjaulaste la libertad
a causa de una traición.

Amigos que los llamas familia,
locos, rebeldes y divertidos
a los que ven como genios.
Admirados por su inteligencia,

odiados por su arrogancia,
respetados por su coraje.
Hombre valiente,

que tus miedos cayeron 
en el olvido para buscar tu propia identidad, 
de sangre verde esencia roja.

Clamaste inocencia,

rugiste de dolor
al perder a tu compañero.
Traidor te llamaron,
culpable fuiste
pero el recuerdo de tu hermano,
sus aventuras fue la luz
en la cárcel de la tristeza.
Perro audaz que se levantó y
aprendió a sobrevivir.
Ganaste fuerzas,
esperanza de nuevo, 

y un motivo grande
para andar, 

para sonreír
aunque fuera
la última sonrisa,
marcada por un
imponente haz verde.

Escribir

¿Qué escribo?

Por la mente me transcurre una infinidad de libros, aquellos que me llenaron de vida y me sirvieron como inspiración para desear ser escrit...