Aquel año, el otoño se adelantó. Era el primer día de septiembre. Había traído consigo una mañana tersa y dorada. Una pequeña familia cruzaba corriendo la ruidosa calle hacia la enorme y tiznada estación. En lo alto de los dos cargados carritos que empujaban los padres se tambaleaban dos grandes jaulas con sendas lechuzas que ululaban indignadas. Los cinco Potter habían llegado frente a la barrera. James miró a su hermano pequeño por encima del hombro, con expresión de gallito; luego tomó el carrito que conducía su madre y echó a correr hacia la barrera. Un instante más tarde ya no estaba, se había esfumado. Apareció en el andén nueve tres cuartos, desdibujado por el denso y blanco del vapor que salía de la escarlata locomotora del expreso de Hogwarts. No pudo reprimir una enorme sonrisa, listo para empezar un nuevo curso lleno de risas y bromas.
Los primeros vagones ya estaban repletos de estudiantes, algunos asomados por las ventanillas para hablar con sus familiares, otros discutiendo sobre los asientos que iban a ocupar. James empujó su carrito por el andén, buscando un compartimiento vacío. Encontró uno al final del tren, colocó a su lechuza y luego empujó su baúl hacia adentro. Consideró que sus padres ya habían atravesado la barrera, por lo que dejó el resto de su equipaje en el compartimiento esperando encontrarse a sus amigos, necesitaba de una buena vez ver a Fred para planear la broma de bienvenida. Salió para despedirse mientras pensaba, iba caminando por el pasillo del tren cuando vio una cabellera azul que entraba en uno de los compartimiento, una que se le hacía sumamente conocida. Su curiosidad no podía quedarse quieta, por lo que avanzó dispuesto a averiguar qué hacía ahí. Era muy raro que en esos momentos, la puerta de un compartimiento estuviera cerrado y con la cortina corrida, pero no había nada que no pudiera superar James Potter. No necesitaba de magia para poder salirse con la suya. Buscó entre sus bolsillos algo que le pudiera servir, y lo encontró. Introdujo en la cerradura el pasador que le había quitado a su hermana. Escuchó un ligero click y abrió la puerta. La cabellera azul estaba siendo despeinada por unas pequeñas manos, pero le bastó un pequeño mechón rubio para estar completamente seguro de quienes se estaban besando tan apasionadamente.
—Sin duda esto le agradará al tío Bill —Ambos chicos al escuchar eso, se separaron abruptamente mientras que el pelinegro se recargó en el marco de la puerta con una sonrisa arrogante.
—Hola James —Saludó el peliazul sonrojado, que de inmediato el color de su cabello cambió
—¿Qué estaban haciendo?
—¿Tú qué crees, James? —preguntó la chica de igual manera sonrojada
—Por lo que vi… —Se detuvo unos instantes—. Se estaban besando —Le respondió con una sonrisa burlona.
—Veo que eres muy listo.
—Lo sé, Torie. Es una de mis cualidades aparte de mi atractivo.
—¿Y si te vas? —preguntó la rubia poniendo los ojos en blanco.
—¿Y si le digo al tío Bill que Teddy te estaba comiendo? —Contraatacó él—. Debe estar por ahí como Nique o Louis.
—¡No, James! —Casi gritó el chico asustado. Su cabello ahora era gris—. No es necesario que le digas algo a nadie.
—Se preguntarán qué haces aquí.
—Pues… vine a despedirme de Victorie, de ti y Albus. Es su primer curso.
—Ajá… ¿Y por qué no llegaste con nosotros? —preguntó enarcando una ceja.
—Porque… porque… no sabía que iba a venir. Ya sabes, la academia. —Cada segundo que transcurría, Teddy se ponía muy nervioso.
—Ultimadamente James, no tenemos porqué darte explicaciones.
—Si debes, prima. Al menos que quieras que todos los tíos trituren al pobre Teddy —El chico tragó en seco. Su cabello seguía siendo el mismo gris.
—No te atrevas… —Apuntó la rubia con un dedo—. Ted Lupin es mi novio, lo beso cuando quiera. Así que si nos disculpas...
—Entonces será mejor que vaya a buscar al tío Ron. Nos lo encontramos en el camino…
—¡James! Basta —Pidió Teddy algo pálido.
—¿Qué te pasa, hermanito?
—No… no le digas nada al tío Bill, por favor.
—Mi silencio tiene un precio, Lupin.
—¿Qué quieres? —Fue en esta ocasión Victorie la que preguntó con fastidio.
—Lo pensaré bien y les mando lechuza —Salió del compartimiento con una sonrisa.
—Ahora... en lo que estábamos —La chica tomó el rostro de Teddy para besarlo, todavía se encontraba algo preocupado.
—No te olvides de despedirte de Albus —Interrumpió de nuevo asomando la cabeza—. Sabes que es su primer año, y…
—¡Por Merlín, James!
—Ya me voy —Esperaron unos segundos. Poco a poco el cabello de Teddy fue regresando a su típico azul eléctrico. Un poco aliviado se acercó a la chica para besarla de nuevo pero…
—No se les olvide que me la deben.
—¡James!
—¡Lárgate!
—Enserio. Déjame despedirme de mi novia como se debe —Ambos ya estaban perdiendo la paciencia por cada interrupción que hacía—. Si no te vas le diré a mamá la broma que le hiciste a los slytherin el curso pasado —Amenazó el peliazul.
—No te atreverías… —Ahora el que palideció fue el pelinegro.
—Déjanos en paz y nadie dice nada.
No podía permitir que su mamá se enterara de ello. Había tenido la suerte de que ninguno de los profesores supo quién había sido, claro que tenían sospechas... Si se enteraban de la verdad, sería un Gryffindor muerto. Sólo le quedaba la opción de salir y dejar a Teddy besuqueándose con su prima Victorie, lo que al final decidió hacer. Se retiró dejándolos solos antes de que ambos salieran para despedirse de los demás.
James había aparecido; se había librado del baúl, la lechuza y el carrito, y era evidente que tenía un montón de noticias que contarles a su familia. Al menos, nada más a ellos. Tarde o temprano sus tíos se enteraran de lo que pasa sin necesidad de que él dijera algo.
—Teddy está ahí —dijo casi sin aliento, señalando hacia atrás—. ¡Acabo de verlo! ¿Y saben que estaba haciendo? ¡Besuqueándose con Victorie! —Miró a los adultos y se sintió decepcionado por su desinteresada reacción—. ¡Nuestro Teddy! ¡Teddy Lupin! ¡Estaba besuqueándose con nuestra Victorie! ¡Nuestra prima! Le pregunté qué estaba haciendo…
—¿Los has interrumpido? —preguntó Ginny—. ¡Eres igual a Ron!
—...¡Y me contestó que había venido a despedirse de ella! Y luego me dijo que me largara. ¡Se estaban besuqueando! —Añadió James, como si temiera no haberse explicado bien.
—¡Ay! ¡Sería maravilloso que se casaran! —susurro Lily, extasiada—. ¡Entonces Teddy sí que formaría parte de la familia!
Sin pensar que la pequeña Lily tendría razón, al pensar que un futuro no muy lejano Ted Lupin ahora sí formaría parte de la gran familia, sin importarle los problemas que le traería con los celos Weasley.
Hahaha este no lo había leído... está divertido, deberías seguir la línea...
ResponderBorrar