La magia prevalece

En viaje en tren de Manchester a Londres nació una idea que vendría a cambiar la vida de muchos. 1995, un manuscrito estaba siendo revisado por diversos agentes, hasta que uno de ellos, perteneciente a la editorial Bloomsbury Publishing aceptó el riesgo. Harry Potter y la piedra filosofal estaba siendo publicado el 30 de junio de 1997… donde su historia comenzó a hechizar a cada niño, joven y adulto. J.K Rowling dejó de ser anónima para convertirse en una escritora que nadie es capaz de olvidar su nombre. Más de una década conociendo esta historia, generación tras generación viviendo cada aventura, aprendiendo cada encantamiento, conociendo cada criatura… Tenía justo once año cuando escuché hablar de esta saga, ese momento en que Warner Bross compró los derechos de autor para convertir los libros en adaptaciones cinematográficas. Los libros eran un mundo ajeno al mío, aburrimiento la palabra para describirlos, nada fantástico que me dieran ganas de conocer, más que ver la película. Me maravilló los efectos especiales de aquellos tiempos. Al término, quedé fascinada que tomé el libro y me sumergí en la tinta de Rowling.


Noche de Halloween, un 31 de octubre de 1981. Lord Voldemort acudía al Valle de Godric para asesinar al matrimonio Potter e intentar acabar con la vida del pequeño Harry, utilizando la maldición asesina, la que terminaría volviéndose contra sí mismo. Su cuerpo destruido, mientras que al pequeño sólo con una cicatriz con forma de rayo en la frente. Siendo el único superviviente de dicha maldición y el único que derrotó al mago oscuro convirtiéndose en «el niño que vivió». Diez años después, siendo huérfano, queda a cargo de sus tíos, los mismo que intentan esconder esa herencia mágica, sin embargo, no lo logran ya que Harry recibe cartas del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, las que son entregadas por lechuzas, aunque su tío Vernon impide que pueda leerlas. Al no recibir respuesta, Hagrid decide buscarlo para decirle que existe un mundo mágico y ha sido invitado a asistir al colegio.

A partir de ese momento comienza la historia. Surge un amor al género de lo fantástico, a la magia, a lo interesante que resulta este tipo de narrativa, nace un universo. Soy parte de la primera generación, mi carta llegó en el momento en que decidí leer el primer libro. Crecí con Harry, Ron y Hermione. Me identifiqué con la casa a la que pertenezco ahora, soy un digno Gryffindor aunque con ciertas tendencias Slytherin. Esperé con ansias la publicación de los siguientes libros, devoraba con avidez cada capítulo, mi imaginación estaba en completa actividad. No fue fácil esperar el último libro de la saga, pero siendo una lectora compulsiva necesitaba saber el final, necesitaba saber si Harry sería capaz de vencer al temible Lord Voldemort. Desde que comencé a nadar en las páginas de este universo, la vena de escritora latía con ferocidad… surgía una necesidad de escribir los posibles finales. Llanto, enojo, frustración; quería respuestas. Quería preguntarle a la autora por que había asesinado a Remus Lupin, uno de mis personajes favoritos, por qué era necesario todo el dolor. Ahora lo comprendo. En mi mayoría de edad fui al cine a ver, lo que sería y pensaba, la última película. Es algo que hasta la fecha no he sido capaz de olvidar, un recuerdo que es parte de mí ser para convocar a un patronus… Despedirme del trío de oro no fue nada fácil. Deje atrás mi niñez para hacerme adulta, tomar responsabilidades, llenar expectativas de otros. Al creer que vagaría en un camino tan banal y monótono, Rowling nos dió una gran noticia: La magia no se terminaba. 

2016. Se estrenaba Animales Fantásticos y dónde encontrarlos. Un año donde Warner nos fue dando pistas y vistazos de lo que veríamos. Una historia que databa antes del nacimiento de Harry Potter, incluso del mismo Voldemort. Tendríamos la oportunidad de conocer la vida del famoso zoomago Newt Scamander, autor del libro que da título a esta nueva franquicia. Porque sí, J.K Rowling anunciaba que serían cinco películas, las cuales, ella misma se encargaría de escribir el guión. Nadie de los fanáticos sabía que esperar, las expectativas iban en aumento con cada detalle que surgía. Incertidumbre se respiraba en el fandom, no había libro de por medio en que pudiéramos basarnos, sólo habían conspiraciones y teorías; pero la sorpresa vino en el final del filme, tuvimos la oportunidad de ver escasos segundos el rostro de Gellert Grindelwald. El mago más temible y oscuro, es mismo que actuaba por el bien de todos, el que buscaba las reliquias de la muerte, el mejor amigo, y quizás, el amante de Albus Dumbledore. 

A partir de ese momento la controversia fue creciendo con el pasar del tiempo y la información que iba saliendo a la luz. Un posible sabotaje para la siguiente entrega por parte de algunos fans, J.K Rowling y el mismo director, David Yates salieron a pedir calma, pidieron confianza en ellos por lo que estaban haciendo y por las decisiones tomadas. El fandom se fue volviendo tóxico con tanta crítica sin darle oportunidad a la historia, a los actores, a nadie… otros fieles, se mantuvieron demostrando lealtad y amor a la saga. 16 de noviembre del 2018, dos años después de la primera película. Las expectativas han sido superadas con creces. Es impresionante la manera en que la autora logra rescatar el floklore de culturas ajenas a la suya, o a la nuestra tal es el ejemplo como la occidental; donde rescata parte de la mitología hinduista al usar los nagas. Seres o semidioses inferiores con forma de serpiente. Una de las primeras sorpresas al ver los primeros avances, la mención de Nagini. Aquella enorme serpiente que acompañó fielmente a Lord Voldemort, que fue convertida en un horrocrux y luego eliminada con la espada de Godric Gryffindor por Neville Longbottom. Resultó ser una maledictus, es decir, una humana con una maldición sanguínea que terminaría convirtiéndole en una serpiente gigante. La incertidumbre seguía latiendo… llamaba la atención lo que se traían Gellert y Albus. Sin duda era algo más que hermanos, una relación tan estrecha, que no eran capaces de enfrentarse, aunque sí una vulnerabilidad. De cierta manera, el amor puede ser una fortaleza pero también una debilidad, y esto fue demostrado a lo largo de la película. El amor, quizás obsesión que tiene Queenie hacia Jacob, el deseo de formar una familia la hace caer en desesperación, aprovechado por el mago tenebroso, orillando a tomar un decisión importante, que nadie se esperaba. Una salida fácil para los problemas que sufría, a una forma siendo hasta manipulada y usada por ello. Gellert Grindelwald es sin duda, un personaje elocuente, sabe hechizar con las palabras, persuasivo y hasta manipulador. Probablemente yo le estaría entregando mi lealtad eterna con tal de purificar el mundo. Es poderoso, hábil, es muy pronto para decir cuál será el error que cometa para ser derrotado en un futuro. Conocer a un Albus joven es exquisito, sabemos su forma de actuar es hacer que alguien más haga el trabajo sucio por él, y no lo hace manipulando ni siquiera se acerca a la persuasión, es sólo que sabe conocer a las persona para darle el empujón que necesitan, porque es verdad, todos tenemos un destino que cumplir. Quizás la familia Dumbledore tiene muchos más secretos de lo que pensábamos. 

Nuestro corazón se paralizó brevemente al escuchar el apellido Lestrange, sí, el mismo que lleva Bellatrix, aunque haciendo memoria sabemos que de soltera es Black pero para mantener el linaje se casó con Rodolphus. Leta Lestrange, un personaje típico Slytherin, con esos matices grises oscuros, otros claros. Un arrepentimiento que la ha ido consumiendo con lentitud aunque al final hace algo inesperado. Rosier… si, la mano derecha que tiene Gellert Grindelwald, otro apellido que sabemos formó parte de los mortifagos. Es inevitable comparar la relación que tiene esta bruja con la que tenía en su momento, Bellatrix con Voldemort. Una lealtad en extremo, quizás riesgosa, un arma de doble filo. No puedo dejar de mencionar tampoco a Nicolas Flamel, el alquimista famoso por tener la piedra filosofal, si, la misma que muchos años después defendió Harry con ayuda de sus amigos, de las manos del profesor Quirrell. Sin duda, un mago totalmente poderoso, quizás las alianzas que empieza a formar Albus Dumbledore da un parte aguas para la Orden del Fénix. Newt, con ese carisma Hufflepuff nos refleja su temor de muchos de nosotros: terminar encerrado en una oficina. No deja de sorprendernos, no deja de demostrar el amor que le tiene a las criaturas, en demostrar que lo desconocido no tiene por que ser malo. Nos han dado un poco de cómo será la relación que tendrá con Tina. El spoiler más grande que nos hizo la autora desde hace mucho es que Newt y ella terminan juntos, felizmente criando criaturas. En un futuro veremos el verdadero poder que tiene Tina como aurora, sus habilidades, en especial ahora que varios ya han elegido un bando. Sigue la incertidumbre de qué le pasará a Jacob, ha perdido más que otros, al igual que Theseus… La gran revelación, Creedence. Ha ido tomando demasiada importancia que las teoría de cual es su verdadero origen ha vuelto locos a muchos de nosotros… es posible que si, tenga que ver con cierto personaje. Veremos grandes duelos, hechizos, magia, poder de cada uno de los personajes, sólo deberemos tener paciencia. 

La mejor decisión que pudo tomar Rowling, fue haber tomado la rienda de su historia, el tener el control absoluto del guión, cambiar a su antojo la trama, mover los hilos para llevarnos a la locura. Cada detalle está pensado, es ilógico argumentar que esta llena de subtramas en subtramas porque así debe ser… un escritor no crea personajes, crea personas. Es por ello que tiene que conocer toda la historia de cada uno, lo que le gusta, lo que no, el por qué actúa así, sus miedos, sus virtudes… todo. Se puede sentir pesado en algún punto de la trama, pero la autora lo hace muy bien, ha sabido manejar la información de una forma que genera más intriga. Todo lo tiene fríamente calculado, una buena historia no importa la anécdota sino el hacernos sentir parte de la vida misma de cada personaje. La manera en que maneja a cada uno, en que les da voz permite que seamos parte de la aventura como si fuera nuestra.

Una montaña rusa de emociones, acción, drama, amor, diversión, traición y claro, momentos en el que te envuelve la nostalgia. La piel se enchina al ver, una vez más, el castillo de Hogwarts mientras se escucha el irreconocible “Hedwig´s theme.”Animales Fantásticos: los crímenes de Grindelwald no es una historia de relleno, hay que saber distinguir que aunque pertenezcan al mismo universo, Harry Potter ha culminado, sin embargo, eso no quiere decir que no haya un sin fin de conexiones. Quedaron cabos sueltos, los cuales están siendo atados poco a poco. Dios esta en todos lados, y el diablo en los detalles… y J.K Rowling se ha dejado poseer por la letras, nada, absolutamente nada está al azar. Si eres nuevo en esto, atrévete a conocer su tinta, a leerla y darte la oportunidad de conocer una maravillosa historia, si ya sabes de qué va la cosa… déjate sorprender, no desconfíes de alguien que tiene talento. Y si no eres ninguno de los dos, pero sólo pretendes dar seudo críticas, entonces amigo, ponte a leer. Porque para decir que una historia increíblemente bien estructurada y personajes bien construidos, que si bien, tiene un poco de incongruencias, estoy segura que más adelante será justificado, entonces eso quiere decir no has leído nada en tu vida. Como bien diría Ernesto Sábato en su obra El túnel“Entonces usted no entendió nada.”







La nota

La estación del metro está solitaria a excepción de un joven. No tardará demasiado en que la tranquilidad se rompa por el ajetreo de las personas que quieren salir o entrar al tren para ir a sus respectivos destinos. La banca que se encuentra en medio de toda la estación está ocupada por un chico. Su mano se desliza en diversas ocasiones sobre una hoja de papel. Escribe. Se detiene unos minutos al pensar la siguiente frase. Nada convencido la tacha. No le gusta como va quedando así que hace bola el papel y la avienta con frustración en su mochila. Observa con detenimiento su libreta y la hoja en blanco que tiene enfrente. Deja deslizar la pluma una vez más. No se inmuta ante el pitido estridente que se oye en lugar, el tren anuncia su llegada. Las puertas se abren para dejar pasar a los pasajeros. Una que otra persona entra a la estación corriendo para subir al tren. Se cierran las puertas, el que llegó, llegó. Avanza y se pierde entre la profundidad del túnel. La muchedumbre dejó a un anciano. Algo perdido decide tomar asiento al lado del joven. Trata de decirle algo pero decide no hacerlo. Observa el túnel mientras que el rasgueo de la pluma es lo único que puede oír.

—Disculpe joven —el chico no prestó atención, sus oídos estaban inundados por la música que transmitían sus enormes audífonos, y su concentración estaba por completo, puesta en la hoja de papel —Joven —volvió a repetir sin recibir la respuesta que necesitaba —Muchacho —tocó su hombro captando su atención

—¿Sí?

—¿Sabe cuánto tiempo tarda en llegar el siguiente tren?

—Unos diez minutos tal vez, no sé —respondió fastidiado por la interrupción

—Gracias. La verdad es que no me sé mover por aquí, y quedé en ver a mi hija… y no quiero llegar tarde

—Chido… —respondió el chico con indiferencia. Estaba a punto de volverse a poner sus audífonos, no tenía intenciones de escuchar nada más que no fuera su banda favorita

—¿Qué tanto escribes, muchacho?

—Algo...

—De seguro apenas estás haciendo la tarea 

—No señor, sólo es… algo —no tenía por qué decirle lo que estaba haciendo

—¿Algo? ¿De qué?

—No quiero ser grosero, pero no le incumbe —su tono de voz estaba siendo cada vez más grosero 

—Tienes razón, pero igual puedo ayudarte. Mis años me han dado experiencia

—Es una nota —pensó que al decirle podrían dejarlo en paz con sus predicamentos. Tenía mucho en qué pensar

—Recuerdo cuando me enamoré. Tenía más o menos la misma edad que tú cuando me dí cuenta que amaba a alguien —no podía estar pasándola esto. No tenía intenciones de escuchar, lo que probablemente sería una historia aburrida, aunque tampoco pretendía ser mal educado, así que fingió prestar atención —Y eso porque vi salir a esa chica con otro; me moría de celos, quería darle un buen puñetazo en la cara a aquel tipo, aunque siempre mi madre me decía que tuviera paciencia, que ya llegaría mi oportunidad, o alguien que me correspondiera. Al principio no pasó como yo esperaba, sufrí pero no me dí por vencido. Ya sabes, muchacho.

—No… no sé 

—Darle detalles y esas cosas que de pronto le gustan a las mujeres. 

—¿Cómo qué?

—Flores. Los girasoles eran sus favoritos; uno diario, cada día sin falta junto con poemas que le escribía. 

—La poesía no es fácil de escribir 

—Acepto que no pero le gustaba lo que yo le escribía... o eso decía. Y ¿Qué tenemos hoy?

—Ni idea

—Ya no se dan cartas para enamorarse, ustedes los jóvenes lo consideran algo muy anticuado a lo que están acostumbrados… ahora sólo mandan mensajes en esos aparatejos. Ya no existen los poemas para conquistarse, ahora se mandan mails…

—¿Mails? ¿En qué época cree que vivimos? Ya nadie manda mails, basta con un simple whats

—¿El was?

—¿Es neta? ¡Whatsapp!

—Ah, esa cosa. Sí… ya sé cual, aunque sigue sin gustarme

—Como sea… —en serio estaba considerando irse de ahí

—Sus aparatejos. Ya nadie entrega chocolates y las flores no se ven ¿Dónde ha quedado aquel romance? 

—Mire… en verdad, agradezco sus consejos pero… —al anciano no le importó la interrupción  

—No me incumbe. De seguro esta chica es afortunada por tenerte, le vas a dar un buen detalle al escribirle una ¿Nota de amor?

—No… no es mi novia —se apresuró a aclarar —¿Cómo sabe que no es una nota cualquiera?

—La experiencia, muchacho

—Ajá…

—Tienes cara de enamorado. 

—Claro que no —trató de no parecer obvio pero sintió como sus mejillas se teñían de rojo

—Tus ojos brillaron cuando mencioné a esa misteriosa chica

—Si usted lo dice… —su cara ardía. Trató de disimular

—Entonces no es tu novia —afirmó el anciano sin dejarlo de observar

—No —soltó el monosílabo con un suspiro.

—¿Ves cómo sí es una nota de amor?

—¡Bien! sí, eso es

—¿Y qué esperas para que lo sea?

—Yo… —sus rostro volvió a sentirlo caliente —no estoy seguro de que yo le guste. Quizás es mejor que seamos amigos —se estaba convenciendo de que era lo mejor 

—¿Para qué escribes la nota? ¿No se la ibas a dar?

—Usted lo ha dicho… iba a dársela, pero pensándolo bien, mejor no se la doy. 

—¿La amas?

—Por supuesto

—¿Entonces? 

—Es que… —no sabía cómo explicar sus problemas amorosos —es mi mejor amiga, y no creo que yo le guste…

—Yo también me enamoré de mi mejor amiga, muchacho ¿Y sabes qué? 

—¿Qué?

—Declararmele fue la mejor decisión que he tomado en la vida —suspiró con nostalgia —Ahora... conquista a esa joven. Dale flores, escribele cartas, sé como uno de la vieja escuela.

—¿Y si no funciona?

—Lo sigues intentando, al final siempre logras encontrar el verdadero amor 

—No sé, tengo miedo 

—Inténtalo, no pierdes nada

El anciano se levantó de la banca dejando sólo al chico. Él se queda pensativo, decide arriesgarse, por lo que termina de escribir la nota. Mientras lo hace se escucha un pitido, revisa su reloj para ver cuántos minutos le queda. Otro tren en dirección contraria a donde se encuentra él llega, se abren las puertas y salen personas. Alza la cabeza y logra distinguir a su amiga entre el gentío, tacha unas cuantas frases más y anota otras. Se levanta con la nota en su mano, listo y dispuesto a entregarla. 

—Buena suerte, muchacho —susurró el anciano con una sonrisa 

Otro tren llegó. Las puertas se abren, el señor se hace a un lado para dejar salir a las personas pero no sube, decide quedarse a observar al joven, quien trata de llamar la atención de su amiga que se encuentra al otro lado del andén. Con cierta desesperación, alza la nota para que pudiera verla pero una corriente de aire se la arranca de la mano. Tratando de recuperarla comienza a correr detrás del papel, choca con algunas personas que se encuentran esperando. Pero su mala suerte hizo que la nota se cayera a las vías, pensando en si bajar por ella o no, cuando otro tren hizo su parada llevándose entre las llantas, la hoja. Se quedó mirando el lugar en donde se perdieron sus palabras, sólo una voz conocida para él lo sacó de su ensimismamiento

—¿Qué tanto hacías?

—¡Astrid! —exclamó al notar la presencia de su amiga —Pensé que estabas del otro lado 

—Sí, lo estaba pero cómo no ibas… —respondió sin importancia —mejor dí la vuelta. Y luego te ví que andabas haciendo el ridículo corriendo por todos lados —sonrió 

—Es que… era una nota que se me voló —repuso con frustración 

—¿Una nota? ¿De qué?

—Pues… una nota —quizás por algo se le había volado. A lo mejor no era buena idea 

—Dime, ¿De qué era la nota? —la voz del anciano resonó en su mente. Debía arriesgarse 

—Yo… este… mira… era… —nunca en su vida había tartamudeado 

—¿Qué? —ella cruzó los brazos esperando la respuesta de su amigo

—Yo… quería… preguntarte si…

—¿Qué te pasa?

—Mira… yo...

—A ver, Hipo. Relájate y háblame bien —lo tomó por los hombros para tratar que se relajara 

—Quería saber si… no sé si quieras… —comenzaba a ponerse muy nervioso, pasando su mano por su cabello 

—Quiero, ¿Qué?

—Si… si… —tomó aire mucho más valor de lo que sentía tener. Iba al todo o nada —¿Quieres ser mi novia? 

—¿Yo? —era una pregunta que no se esperaba —¿Me estás preguntando a mí? 

—Si, la neta me gustas mucho —respondió con un suspiro —Quiero que seas mi novia

—¡Que buen chiste! —pero al ver el semblante de Hipo creyó que hablaba muy en serio —Es broma, ¿Verdad? 

— Eh… No, no es un chiste

—No te creo, nada más te gusta jugar conmigo 

—Te juro que no… ¿Qué dices? ¿Serías mi novia?

—Yo… —Astrid guardó silencio sin saber qué responder

—Sé que es precipitado pero...

—Hipo...

—En serio me gustaría que anduvieras conmigo, yo te quiero

—Hipo… 

—Y he estado pensando las cosas

—Hipo… —tomó su rostro entre sus manos para llamar su atención. Tenía que decirle —sabes lo importante que eres para mí

—Sí, lo sé. —se perdió entre sus ojos. Su corazón comenzó a acelerarse por la cercanía de ella. ¿Lo iba a besar? —¿Qué dices? —susurró casi sin aliento 

—Te quiero, pero...

—¿Hay un pero?

—Ya… ya tengo novio, Hipo —respondió apenada. Hipo notó como sus mejillas tomaron un color rojizo 

—¡¿Qué?! —él podía sentir esa sensación de frialdad en su estómago —¡¿Cómo?!.. —su mente trataba de encontrarle sentido a la situación —Perdón, nunca supe que salías con alguien. No me dijiste nada. 

—Siento no habertelo contado, pero sólo pasó. 

—¿Con quién… estás? —esas palabras salieron solas de su boca 

—Con Diego

—Cool… —no sabía qué decir más, quería irse de ahí. Estar solo.

—Pensaba decírtelo. Eres mi mejor amigo y...

—Me da... gusto por ti, en verdad —sus ojos se habían llenado de agua pero no iba a llorar ahí, no. No lo haría.

—¿Lo estás?

—Sí, sí… Los he visto juntos un par de veces y se ven… bien 

—¿En serio?

—Sin duda, hacen una bonita pareja… y ¿Cómo fue? —su voz se escuchaba lejana, trataba de ocultar el dolor que le estaba quemando 

—No tenemos por qué hablar de esto

—No pasa nada, en verdad me alegra que estén juntos 

—Perdón, Hipo. Yo no quería que pasara esto… —Astrid trató de abrazarlo pero él dió un paso hacia atrás

—No te disculpes. 

—¿Estás bien?

—Sí, sí bastante bien —quiso ponerle un toque de sarcasmo en su voz pero no resultó —Mejor vámonos o llegaremos tarde. 

Apenas dijo eso cuando un tren llegó. Las personas salieron y ellos subieron, pero el simple hecho de estar a un lado de una persona que te acaba de rechazar era insoportable. Le bastaron unos segundos a Hipo para que se bajara antes de que se cerraran las puertas. 

—Lo siento, no puedo —observó a Astrid por la ventana. Ella parecía entenderlo, sin embargo, también le dolía lo que estaba pasando. ¿Su amistad estaba por terminar? El tren avanzó mientras que él, destrozado tomó asiento de nuevo en la banca. El anciano se acercó para saber el resultado, no se había enterado de mucho a pesar de permanecer en el lugar.
—¿Por qué no te fuiste con tu novia?

—¡Usted! —gritó furioso mientras se limpiaba las lágrimas con el dorso de su mano 

—¿Qué pasó, muchacho? Deberías estar feliz

—¡¿Feliz?! ¡Me lleva la chingada! —el anciano no parecía comprender la magnitud de la situación —Usted tuvo la culpa

—¿Yo? —preguntó extrañado por la reacción de Hipo —¿Por qué? 

—¡Porque le hice caso! Por escuchar sus estúpidos consejos 

—Tranquilízate, muchacho. No pasa nada. Lo puedes volver a intentar

—No entiende 

—Llévale flores…

—¡Me mandó al carajo! —volvió a gritar con enojo —¿Acaso no lo escuchó? Tiene novio, no me ama a mí, ni siquiera le gusto 

—Relájate. No es el fin del mundo.

—No me salga con sus filosofías estúpidas

—Dale tiempo, sé lo que se siente

—No, no sabe nada. Me rompieron el corazón —decirlo en voz alta no parecía ayudarle en nada

—No seas exagerado, muchacho. Eres joven, te queda mucho por vivir

—Mejor cállese

—Tendrás oportunidades para conocer más chicas. Vas a estar bien

—Y ya no quiero oírlo, no tiene idea de nada 

—Sí lo sé

—No, no lo sabe

—Sé lo que es un corazón roto 

—Mejor váyase a la chingada —no quería seguir escuchándolo. Quería irse lejos de ahí, por lo que caminó hacia la salida pero el anciano lo tomó con fuerza de su brazo para detenerlo —Suélteme —Hace un intento para zafarse pero no lo logra

—Conocí a mi esposa en este mismo lugar, hace ya tantos años. Quizás por casualidad o destino. 

—Neta, señor. Me vale madre lo que le pasó 

—No sabíamos que éramos vecinos hasta que nos encontramos un día, íbamos a la misma escuela. Nos hicimos inseparables. Yo sabía que podía contar con ella, y ella contaba conmigo. Luego me di cuenta de lo enamorado que estaba, aunque eso ya te lo conté. Siempre estuve ahí, y me dolía cada que me hablaba de aquel chico con el que salía, pero era feliz, eso importaba.

—Suélteme… No quiero oírlo, déjeme en paz

—Después aquel tipo le rompió el corazón, estuve para ella tratando de que sanara. Fue cuando me atreví a enamorarla, darle más de mí, darle flores, cartas y poemas. ¿Y sabes qué, muchacho? 

—No, no sé ¿Qué?

—Valió la pena el esfuerzo y la espera. 

—No es lo mismo, ella nunca le dijo que no lo amaba. No sabe de corazones rotos 

—¿Por qué crees que no lo sé? 

—Porque no, se quedó con ella —otro pitido se escucha. El tren llega y las puertas se abren para seguir con el mismo ciclo. Personas entran y otras salen. 

—Sé el dolor de un corazón roto. Ella… —guardó silencio —la mujer que amo... murió —antes de que el tren avance, el anciano sube dejando a Hipo mudo por lo sucedido. 

[***]

La banca que se encuentra en el andén del metro está ocupada por un anciano. Observa a la nada, esperando. Un tren llega y salen personas de él, entre ellos sale Hipo con un girasol. Toma asiento, deja la flor a un lado suyo mientras saca una libreta de su mochila. Comienza a escribir algunas frases, otras las tacha; piensa unos instantes antes de que la pluma se deslice suavemente sobre el papel, nada convencido arranca la hoja. Una y otra arranca, estaba comenzando a frustrase por la falta de inspiración. 

—¿Tienes problemas, muchacho?

—Eh no… sólo que no encuentro las palabras correctas —rechazó la ayuda sin despegar sus ojos de la hoja 

—¿Una nota?

—Sí, quiero escribir algo

—¿De amor? —preguntó el anciano, Hipo sintió un dejavú pero ignoró esa sensación —Te puedo ayudar, me considero un poeta 

—Ya le he escrito mucha poesía 

—Nada como la poesía para enamorar —de nuevo sintió esa misma sensación. Esas palabras las había escuchado en algún lugar. Alzó por fin su mirada para toparse con el anciano, el mismo que había visto hacia unos meses 

—¡¿Usted?! ¿Qué hace aquí? 

—Hola, muchacho 

—¡Qué coincidencia verlo!

—A diario viajas por aquí ¿No?

—Sí… ¿Cómo lo sabe?

—Lo supuse

—Si, viajo todos los días en metro —respondió con cierto ánimo —Y ahora que lo veo quiero disculparme 

—¿Por?

—Por lo de la última vez 

—No te preocupes, ya pasó. Y… ¿Cómo te va?

—Me va bien, bastante bien diría yo 

—Y ¿Qué tal el corazón? Estás escribiendo otra nota de amor 

—Sí, estoy mejor

—Se ve...

—Admito que tenía razón 

—¿En qué?

—En no clavarme con alguien que no me amaba, bueno al menos de la manera que yo quiero

—¿Cómo está Astrid? ¿Sigue con Diego? —eso le sorprendió, no recordaba haberle dicho nada al respecto, sin embargo, respondió

—Es feliz con él, sigue siendo mi mejor amiga.

—La dejaste ir

—Me dolió pero tuvo razón. Soy joven y… seguí sus consejos. Conquistar a una chica con poemas, flores y esos detalles

—La vieja escuela siempre funciona ¿No?

—¡Es una maravilla! No me dí por vencido con ella, después de lo de Astrid… conocí a alguien más. Nos hicimos inseparables, no tenía idea de que vivía a lado de mi casa —comenzó a contarle con entusiasmo —Y bueno, ella también le rompieron el corazón, por mi experiencia logré que lo superara. Luché por ella, darle detalles y todas esas cosas que me dijo que hiciera 

—Y funcionó 

—¡Sí! Estoy enamorado y lo mejor es que ella de mí. 

—Me alegro por ti, muchacho

—Y yo fui muy grosero con usted, sólo quería ayudarme en esto y…

—No pasa nada. Estaba seguro de que lo conseguirías, después de todo no cambiaste de opinión

—No sé a qué se refiere, pero sí. Al menos, soy feliz 

—Quería tratar de convencerte de lo contrario, pero fue al revés. Y debo agradecerte por ello 

—No entiendo ¿Convencerme? ¿De qué? —de un momento a otro la situación se volvió extraña 

—De que no te enamoraras 

—¿Cómo ? Creo que hay algo de lo que me estoy perdiendo 

—Sí, quería que no cayeras en el amor 

—Sigo sin entender

—Yo soy tú —soltó de pronto el anciano 

—¡Qué tonterías está diciendo! —Hipo comenzó a reírse de una forma incontrolable

—Es verdad

—¿Se siente mal? 

—Estoy en perfectas condiciones

—No me lo parece —realmente no estaba convencido de que estuviera bien —mejor tómese su medicina. Algo le está fallando...

—No las necesito 

—Pues debería

—Vine a convencerme de que tomé la mejor decisión. Te dije que el amor de mi vida murió

—Eh… sí. Y lo lamento, pero no sé qué tiene que ver conmigo

—Es obvio que no me crees

—Trataré de… creerle. No sería la primera vez que escucho sus… historias —al final no era tan malo 

—Cuida a esa joven, te hará feliz toda una vida —al momento que dijo eso el anciano, un tren llegó. Las puertas se abrieron pero en esta ocasión nadie salió, Hipo no lo había notado hasta ese momento pero la estación del metro estaba en soledad, ni siquiera un ruido. El anciano subió sin decir nada más.

—¡Espere! —gritó —No puede irse así. Pensé que me contaría la verdad 

—Ya la sabes

—No, no la sé 

—Yo soy tú y tú eres yo. Vine a comprobar que vale la pena mi sufrimiento

—¿De qué habla? 

—Serás muy feliz, Hipo —las puertas del tren se cerraron y comenzó a andar hasta perderse en el túnel.

—¡¿Cómo supo mi nombre?! —gritó de nuevo —¿Será qué…? ¡Nah! es imposible, yo nunca le dije nada… pero… —se quedó pensativo —¿Cómo sabía? —preguntó esperando a que alguien le diera una respuesta —es imposible que sea verdad lo que me dijo… No. Lo dudo, él no era yo, de seguro si necesitaba medicamento, igual y si estaba alucinando. 

Regresó a la banca a terminar la nota , un pitido se escuchó. Hipo se apresuró a agregar algunas palabras más mientras que el tren hace su parada. Sus puertas se abrieron para dejar salir y subir a personas; observó a un joven que iba hacia él hasta que estuvo enfrente. Le dio el girasol y la besó con ternura. Ambos chicos se tomaron y de la mano y salieron juntos del andén.










































La aventura de una joven escritora


Hoy en día son pocos los que se atreven a conocer las profundidades de las personas, el saber sus virtudes, conocer sus miedos, defectos y aún así quedarse. Si me preguntan quién soy y de dónde vengo respondería de una forma muy normal, pero se supone que soy una escritora que debe romper lo común. Reflexiono esas preguntas al son que escucho el soundtrack del Señor de los Anillos: La comunidad del anillo. Dejo que la música me lleve a la Comarca, a donde comienza la aventura. Respondiendo, soy una joven friki de 25 años, a casi un mes de cumplir un año más en esta vida; amante de la saga de Harry Potter, perteneciente a la casa de Godric Gryffindor, en donde habitan los osados. Amante de la lectura, evidente que leí todos los libros y visto todas las películas; alguien que todavía se emociona porque está próximamente a estrenarse la nueva del universo mágico, y en la que aplaudo a la escritora de que haya tomado el control de su historia para escribir el guión. Algunos no logran comprender el amor y cariño que le tengo a esto, soy coleccionista y la mayor parte de mi dinero se va a artículos relacionados con la saga. J.K Rowling me introdujo a la literatura, mi motivación para ser lo que soy ahora, para atreverme a dejarme seducir por las letras, darle voz a todas aquellas historias que se quedan en el silencio; años después encontré amigos con la misma afición, entre ellos a la persona que amo demasiado.

Caperucita Roja

El mundo es difícil y más cuando no tienes nada que comer; tengo que volar por todos lados buscando algo que llevarme al pico. Lamento mis malos modales, soy Diaval. Un cuervo solitario que anda de aquí y por allá, en pueblo en pueblo esperando que alguien me tenga piedad y me de algo de comida en lugar de que me den caza. No tienen idea lo horrible que es eso, en especial odio cuando los perros andan tras de mí, tratando de atraparme con sus horribles garras, pero no nos desviemos. En una casa del último pueblo que visité, una humana bastante particular me ofrecía migajas de pan, y de vez en cuando restos de fruta fresca. Era una niñita muy bonita, en todo este tiempo que llevo volando por todos lados, nunca he visto a nadie parecida. Era muy buena, y es parte de la historia que quiero contarles. De la cual, no tenía idea que estaría preparado para ser testigo. Un suceso que me tomó por sorpresa y que hasta el día de hoy he tratado de comprender. 

Siempre me posaba en las ramas del árbol más cercano, tenía una muy buena vista además que me daba mucha curiosidad, así pude notar que la belleza de esa niñita enloquecía a su madre, y por las raras ocasiones que hablaban, también enloquecía a su abuela. Le habían mandado a hacer una caperucita roja con el sastre del pueblo, y le sentaba muy bien que todos la llamaban así: Caperucita Roja. Un día pasé por su casa esperando a que me dieran comida, la verdad es que me moría de hambre y olía bastante delicioso. La madre de la niñita estaba cocinando unas tortas, así que me asomé por la ventana y vi que me habían dejado un pedazo de pan y mientras me lo comía con calma oí que le decía:

—Anda a ver cómo está tu abuela, pues me dicen que ha estado enferma; llévale una torta y este tarrito de manteca. 

La niñita se puso su caperucita y tomó la canasta que su madre le había dado. Me dió mucha curiosidad, además que no tenía nada que hacer, así que decidí seguirla a una distancia prudente, sin que me pudiera ver. Partió en seguida a ver a su abuela, no sabía donde vivía, suponía que lejos. Pasó por un bosque, algo tranquilo y con la oportunidad de posar en un árbol mientras seguía caminando hasta que ví que se encontró de frente con un lobo. Sentí algo de miedo por la niñita, quise decirle algo pero ni un graznido me salía del pico; sobre volé por encima del bosque y noté que había algunos leñadores cerca, Caperucita tendría suerte de no ser devorada… por el momento. Con un gruñido bastante escondido le preguntó a dónde iba, como ella no sabía que era peligroso hablar con el lobo, con confianza le dijo: 

—Voy a ver a mi abuela, le llevo una torta y un tarrito de manteca que mi madre le envía.

—¿Vive muy lejos? —preguntó el lobo, yo esperaba que no le respondiera pero así lo hizo 

—¡Oh, sí! —respondió Caperucita Roja —por el molino que se ve allá lejos, en la primera casita del pueblo. 

—Pues bien —eso ya no me gustó para nada —yo también quiero ir a verla. Iré por este camino, y tú por aquél, Veremos quién llega primero. 

Ví que el lobo partió corriendo a toda velocidad por el camino que era más corto, la niña tomó el más largo; no quería dejarla sola así que emprendí el vuelo, siempre por encima de su cabeza. En ningún momento notó mi presencia, se entretenía en coger avellanas, corría tras las mariposas y en hacer ramos con las florecillas que encontraba. Me sentía preocupado, por lo que decidí ir tras el lobo para saber cuál eran sus verdaderas intenciones. Llegó a la casa de la abuela, tocó con sus patas y escuchándose un toc, toc. 

—¿Quién es? —oí que respondió una suave voz 

—Es su nieta, Caperucita Roja —tengo que admitir que era bastante inteligente. Disfrazó su voz, ese gruñido que todavía tenía atorado en la garganta —le traigo una torta y un tarrito de manteca que mi madre le envía. 

Me acerqué más a la casa buscando un huequito para ver. Me encontré un agujero cerca de una ventana. La cándida abuela, estaba en cama porque no se sentía bien, esperaba que así se quedara y no le abriera la puerta, que no hiciera ningún esfuerzo en levantarse pero ella gritó: 

—Tira la aldaba y el cerrojo caerá. 

El lobo hizo caso, tiró la aldaba y la puerta se abrió. Quise entrar a la casa con velocidad, tratar de advertirle a la abuela pero el lobo cerró la puerta en mi pico. Volví al hueco y lo que vi fue horrible, el lobo se abalanzó sobre la buena mujer. Lo que pasó después fue muy horroroso... la abuela fue devorada en un santiamén, imagino que el lobo tenía mucha hambre. Después cerró la puerta y se acostó en el lecho de la abuela, esperando a Caperucita Roja. Salí volando de nuevo para encontrar a la niña, advertirle que el lobo la estaba esperando pero ya no la encontré en el camino. Regresé a la casa de la abuela justo al momento en que estaba golpeando la puerta: Toc, toc escuché.

—¿Quién es? —noté cómo al oír la ronca voz del lobo, se asustó, aún así respondió:

—Es su nieta, Caperucita Roja, le traigo una torta y un tarrito de manteca que mi madre le envía. —oí el grito del lobo 

—Tira la aldaba y el cerrojo caerá. 

Caperucita Roja hizo caso y tiró la aldaba, la puerta se abrió. Ahora sí me apresure a entrar antes de que me cerraran la puerta en el pico otra vez. La niñita entró y el lobo estaba escondido en la cama bajo la frazada.

—Deja la torta y el tarrito de manteca en la repisa y ven a acostarte conmigo. 

No sabía qué hacer, si impedir que hiciera caso aunque yo también podía correr riesgo a que me comieran, sólo me pose en una viga de madera del techo donde los veía a todos. Caperucita Roja se desvistió para luego meterse en la cama. Noté su sorpresa cuando vió la forma de su abuela en camisa de dormir. 

—Abuela, ¡qué brazos tan grandes tienes! —exclamó y tenía razón. Eran muy enormes 

—Es para abrazarte mejor, hija mía. 

—Abuela, ¡qué piernas tan grandes tiene! 

—Es para correr mejor, hija mía —¡Y vaya que corría muy rápido!

—Abuela, ¡qué orejas tan grandes tiene! —comencé a pensar en la inocencia que tenía Caperucita Roja para no darse cuenta que era el lobo. Empezaba a sentir pena por la pobre criatura.

—Es para oír mejor, hija mía. 

—Abuela, ¡qué ojos tan grandes tiene! 

—Es para ver mejor, hija mía. 

—Abuela, ¡qué dientes tan grandes tiene! 

—¡Para comerte mejor! 

Todo pasó muy rápido, al escuchar esas palabras no pude evitar como el lobo se abalanzaba sobre Caperucita Roja. Sólo se la comió. Hasta el momento siento algo de culpa porque quizás pude advertirle, aunque también ella tuvo la culpa porque las humanas, esas señoritas amables y bonitas no deben oír con complacencia, por lo que he escuchado en otros pueblos, no es extraño que varias son presa fácil del lobo. Además no todos los lobos son iguales: los hay silenciosos, sin odio ni amargura, que en secreto, pacientes, con dulzura van a la siga de las damiselas hasta las casas y en las callejuelas; más bien sabemos, entre todos los lobos, son los más fieros. Y esta fue la triste historia, la que fui testigo silencioso sin poder hacer nada.

Ahí viene la bruja

Uno… dos… duermen los niños

Tres… cuatro… no salen de su cuarto

Cinco… seis… sueñan visiones

siete… ocho… ojos al acecho

Nueve… diez… se esconden con rapidez


Uno… dos… suena el reloj

Tres… cuatro… sale la luna

Cinco… seis… vuelan por los cielos

Siete… ocho… ahí viene la bruja

Nueve… diez… entra por la ventana


Uno… dos… suenan pisadas

Tres… cuatro… ten cuidado

Cinco… seis… la bruja ataca

Siete… ocho… llega lo perverso

Nueve… diez… te jala los pies


Uno… dos… un poco de ajo

Tres… cuatro… una pizca de lagarto

Cinco… seis… escama de pez

Siete… ocho… al horno el bizcocho

Nueve… diez… la bruja es feliz

Escribir

¿Qué escribo?

Por la mente me transcurre una infinidad de libros, aquellos que me llenaron de vida y me sirvieron como inspiración para desear ser escrit...