Filosofía

Los colores dejan de ser claros, las cosas a tu alrededor pierden su forma.Vas corriendo por las calles, chocando con un sin fin de personas sin siquiera otorgarles disculpas; no llevas reloj pero sabes que estás llegando tarde a la escuela. Alcanzas el camión justo en la parada, depositas las monedas en la alcancía y el chofer te ofrece un ticket. Tomas asiento al fondo, sacas un libro de filosofía de tu mochila para sumergirte en la tinta de los pensamientos; tus ojos los vas sintiendo pesados con el pasar de las páginas, decides dejar hasta ahí la lectura y para que el sueño se apodere de ti mientras llegas a tu destino. Pestañeas tratando de encontrar sentido a lo que ves, despiertas por completo, sigues atorada en el tráfico, te preocupas porque todavía te falta un largo tramo para llegar al metro; una voz resuena en tu mente, el tiempo y tú son como el amor, totalmente incompatibles. Pegas tu frente al vidrio de la ventana, el camino está lleno de autos de todos los colores, detenidos pitando con fuerza como si eso les hiciera avanzar más rápido. Suspiras, vas a perderte la primera parte de la clase, esperas tener algo de suerte y poder llegar no tan tarde.

Una hora atorada en el transporte, sabes que te espera el agobiante encierro del metro y las miles de personas que lo usan para llegar a sus destinos. Alcanzas un lugar disponible, las puertas se cierran, respiras un poco después de toda tu travesía, cuando estás comenzando a tomarte las cosas con calma recuerdas que no hiciste la tarea. Sacas tu celular, esperas que ningún inconveniente sucede en ese lapsus. Abres la aplicación de word, la hoja en blanco y dejas que los gritos en tu cabeza se escuchen mediante las palabras, estás tan sumergida en el ruido, las personas son ajenas a tu momento que te pasas de estación. Al darte cuenta, tomas tu mochila y sales corriendo apenas se abren las puertas, esquivas a todos los que te encuentras en el camino, debes llegar al café internet que está a una cuadra de la escuela para imprimir tu trabajo. Apenas le das un vistazo a lo que escribiste, con la hoja en mano echas a correr de nuevo, y pasa lo que tenía que pasar. Te estrellas con una señora que vende gelatinas, para su fortuna no se le cayeron pero te sientes avergonzada por lo sucedido; retomas tu camino, doblas la esquina, estás a pocos pasos de llegar a la escuela. Entras, saludas rápidamente y subes a tu salón en donde interrumpes la clase. El profesor sonríe al verte, estás sin aliento las disculpas salen apresuradas, tomas asiento y tratas de prestar atención a lo que resta.

Se termina, echas raíces en una de las bancas que hay en la cafetería de la escuela, comienzas una plática con una de tus compañeras de clase. Hablas y hablas, ella no dice mucho pero tampoco te molesta, es agradable; de vez en cuando suelta una acertada respuesta. Comienza a ver su reloj, supones que tiene que irse, te levantas del asiento, te despides de los demás que están cerca y se marchan. Tú vas por metro, ella sigue de largo para cruzar la avenida, esperas que el viaje de regreso sea más tranquilo. Deseas llegar pronto para hacer tarea, las puertas del metro se abren, entras y te dejas llevar. Para tu fortuna no hay tráfico, el recorrido en autobús resulta ser menos agotador, llegas a casa y directo vas a buscas algo en el refrigerador para comer. No hay gran cosa, decides hacerte un sandwich mientras te encierras en tu habitación, tienes que leer un libro y escribir un ensayo, sólo tienes esa tarde para lograrlo, te recriminas que hayas desperdiciado todo un mes. Ficciones de Jorge Luis Borges, has avanzado muy poco en las páginas y no has logrado entenderle, no deseas caer en la desesperación pero te preocupa el trabajo. El reloj no se detiene, sientes explotar tu cabeza así que decides darte una vuelta por tus redes sociales para distraerte. Te aparece una ventana emergente, el inicio de una conversación, uno de tus compañeros de clase. Respondes su “Hola” con rapidez, te pregunta como vas con la tarea, te consuela saber que él tampoco lo ha leído, sigues recibiendo mensajes de motivación, te gustaría seguir hablando pero prefieres intentarlo una vez más con la lectura.

Te sumerges en la mente de Borges, sigues leyendo las palabras, digieres su alma y logras sentir como se apiada de tu espíritu para darte el privilegio de entenderlo. El sentimiento te comienza a llenar el vacío, dejas resbalar las lágrimas al comprender cada una de las oraciones que leíste. Abres un archivo, la hoja en blanco está lista para ser llenada con tus revelaciones a la par que tus dedos comienzan una danza con las teclas.


Imágenes se vuelven infinitas sin conocer un principio o fin; espejos que muestran reflejos, infinidad y simetría; a su vez, muestran vacío, imágenes que parecen ser verdaderas pero que pueden desvanecerse. Sueños y realidad, elementos que se abordan, ¿Y si todo lo que uno siente, si las tristezas o alegrías es una proyección?

¿Será parte de una irrealidad?

Apenas llegas a la mitad de cuartilla, no se acerca a lo que te pidió el profesor pero sabes que es muy contundente. Te sientes emotiva por la lectura, observas el reloj, te das cuentas de las pocas horas que te quedan para dormir. Te metes en la cama para dejarte controlar por la magia de Morfeo. La alarma del celular resuena un par de veces antes de que la apagues y te levantes bastante somnolienta, te metes a la regadera y tomas un baño. Logras llegar a la escuela con un retraso de diez minutos, el profesor te pide tu trabajo y se lo entregas, no te dice nada, esperas que te vaya bien. Él comienza a hacer hincapié en tu vida mientras el pasado te abraza con fuerza, los recuerdos son convocados y tus heridas amenazan con volver a abrirse; ese Voldemort que regresa, su sola mención ha sido un tabú. Aparece cuando menos te lo esperas, y te causa algo en tu interior, deseas dejarlo atrás, deseas que te deje vivir en paz. Se lo cuentas, te aconseja y te dice que debe ser asesinado, él también tiene a alguien así. Él lo hizo, él la mató y ya olvidó, te cae bien, entre ambos va floreciendo una confianza. Recibes una libreta en donde te pide que anotes todas tus ideas, la aceptas cohibida sin saber qué decir. Esa tarde, quieres hacer algo diferente, salir a disfrutar del mundo, encontrar historias. Te invita a recorrer la vida misma a su lado, aceptas ir a comer con él mientras van los dos en el taxi. Van al cine, te dejas llevar por las sensaciones que dejan la pantalla grande junto con la oscuridad y el silencio envolvente de la sala. Notas algo diferente en su mirada, un brillo especial… lo reconoces, tu mente te dice lo que sucede, sientes miedo y retrocedes. No es momento, te niegas.

Por la calle caminas, aparece ante tus ojos un bello girasol que está vendiendo un señor, pero no llevas el dinero suficiente para comprarlo, él se ofrece a darte el necesario, tu cabeza se mueve de un lado a otro. Ya pasarás en otro momento, sin embargo al siguiente día te lo regala, se lo aceptas. Te sientes dudosa, recuerdas aquella vez, cuando un niño te obsequio un dibujo, lo rompiste por la mitad porque no querías nada. Esa niña malvada desea regresar, te niegas aceptar que algo entre ustedes puede pasar. Sientes miedo, la ansiedad llevaba caminando a tu lado por un tiempo sin darte cuenta de ello, sólo decides encerrarte en tu mundo y en tu habitación, sin bocados, sin bebida, sin nada. Tus problemas te quieren ahogar, la mente grita, dejas de ir a la escuela, no te sientes para nada bien. Se preocupan tus padres, es momento de retomar la terapia.

Lo ves, está deseoso de platicar contigo. Te entrega una hoja, conoces su talento. Lo lees bajo su atenta mirada, ese poema impregnado de algo suyo. Te conmueve, pero sabes que es demasiado, tratas de sonreír para que el silencio no se vuelva incómodo, le dices algo al poeta, está en un estado ausente. Se miran a los ojos con ese acuerdo mutuo de fingir que nada pasó, toman caminos separados, te sientes confundida, no quieres a nadie por el momento, no sería correcto, no estás lista… o eso crees. El poeta está cayendo en un olvido mientras que él, tu amigo trata de de apagar el infierno de tu interior. Los buenos libros están destinados, caen en las manos correctas en el momento ideal, y así sucede contigo. Louis Lambert de Honoré de Balzac se convierte en tu compañero diario. Devoras con avidez sus letras, la tinta se impregna en tu alma, sientes como la inspiración quiere algo de atención, así que tomas una pluma y escribes la historia. El poeta no te deja de mirar, te escucha mientras lees lo escrito, el resto de tus compañeros opinan, te sugieren ideas, deseas corregir tus errores, quieres que eso sea leído por el mundo, es necesario que los otros lo conozcan, así te lleve años piensas terminarlo.

Y de pronto, el poeta hace uso de tus ideales. Te sientes traicionada y engañada, no puedes creer que él haga eso. Te enfurece, te molesta que haga alarde de tus palabras. Te envía mensajes que decides no contestar, quieres romperle su dibujo por la mitad, quiere hacerlo esa niña de antaño. Cruzan de vez en cuando caminos, no lo miras ni siquiera salen sonidos de tu boca ni de la suya, los ves confundido pero ha dejado de importarte, es mejor así. No te interesa nada del poeta. Tus amigos siguen ahí, cuidándote de alguna forma, y luego está él… sigues sin aceptar nada, piensas que ensuciaras un alma pura, eso no le importa porque te ilumina. Da vida a esa marchita flor que eres, a esas Flores que ansían ser amadas después de todo. Él… sólo él se convierte en tu Louis y lo necesitas, lo quieres a pesar de sentir miedo, también lo siente, lo sienten los dos. Aún así buscan con desesperación intentarlo, morirán en el intento y es cuando piensas que es momento de descongelar la distancia. El poeta te ha estado esperando, lo ves en sus ojos y aceptas lo que te había negado por tanto tiempo. No puedes corresponderle, sin pensarlo brota lo que sientes por él, brota lo que tu corazón palpita. Se lo dices, y no para hacer daño, no pretendes que sufra pero es inevitable. El poeta te escucha atentamente, sientes que algo dentro se quebró; por tus venas corre aquel miedo irracional hacia él, y aunque el poeta tiene los versos necesarios para ti, tienen que ser desechados.

La poesía está destinada… y su tinta, su esencia no te pertenece. Quieres intentarlo con él, a pesar del miedo a que las cosas salgan mal, él es tu inspiración. No quieres consumirlo en u oscuridad, no pretendes que las Flores se marchiten, mantienes la esperanza de que te de oxígeno, te de vida, más de la que necesitas. Tu nombre es Flores, un girasol que busca la luz para sobrevivir, al poeta lo consume los versos…

No soy ni un pensador ni un moralista, sino sencillamente un hombre de letras que refleja en sus escritos su propia confusión y el respetado sistema de confusiones que llamamos filosofía, en forma de literatura.

Jorge Luis Borges.

A ti… te consume la filosofía.

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¿Qué escribo?

Por la mente me transcurre una infinidad de libros, aquellos que me llenaron de vida y me sirvieron como inspiración para desear ser escrit...