Vida en tiempos de coronavirus

Llevo casi un mes y medio de confinamiento obligatorio por la pandemia. Al comienzo creí que sería sencillo sobrellevar el encierro, mi estilo de vida es similar. No salgo mucho y sólo un día iba a la escuela, pero lo que era el cielo ahora es un infierno; tener casa llena es fastidioso y no porque no quiera tener a mi familia cerca, sino porque realmente necesito un espacio. En algún punto, comencé un podcast y encontrar un sitio, donde se pueda grabar es difícil. Evitar que haya interrupciones (la licuadora, los gritos de mi madre, mis hermanos o los perros) son razones suficientes para echar de menos mi vida antes de la contingencia. El taller en línea resultó ser una muy buena idea, e irónicamente todos mis compañeros están presente. Lo único diferente es que éste encierro me ha dejado varias cosas extrañas.


1.
En mi última clase presencial éramos tres personas: mi profesor Alejandro, Sandra y yo, los demás, perdidos en su inasistencia natural (algunos justificaron su falta); no hubo teoría más que la extenuante revisión de textos. Con cuarenta minutos que consumir, Alejandro nos leyó las cartas del Tarot; no tenía preguntas que quisieran ser respondidas, no se me ocurría nada, pero al final formulé una: ¿Cómo estaba mi relación con Mariana? Meses atrás, por circunstancias que todavía no logro entender, nos distanciamos. Ya no había conversaciones decentes, ni siquiera se acercaba a lo que solíamos tener. Contarnos cosas se redujo a nada y a un vacío que me estaba consumiendo. Ese día el pánico se apoderó de mí. Los demonios y miedos, quizás irracionales, comenzaron a acechar con veracidad. Después de platicar con varias personas, le resté importancia a lo que dijeron las cartas, al final, sólo ella y yo sabemos sobre nuestra relación. He entendido que no todos tenemos el mismo significado para otros, aprender a soltar cuesta.

2. 
La preocupación y el miedo se transmitió alrededor del mundo, las noticias se llenaron de números alarmantes sobre contagios y muertes. Se cancelaron los deportivos (le consiguieron boletos a mí papá para el América contra Cruz Azul, hice berrinche cuando anunciaron que sería a puerta cerrada) y mientras algunos se hacían la idea del encierro, yo me preparaba para mi propia crisis. Lidiar con chupasangres es agotador, las chinches son temibles, quemar la casa y mudarnos a otro lugar parecía ser la solución, lo es cuando estás infestado, en mi caso no fue así. Lo único que provocó fue tensión, apuntar hacia un culpable, defenderse con argumentos no sostenibles y días interminables y agotadores de limpieza. Mis libros confinados, peluches desinfectados y guardados (al menos durante un mes), revisar cada centímetro de los colchones, cada rincón de la habitación. Canela, alcohol y esencia de lavanda, cloro, veneno e insecticidas bastaron para que la calma volviera. Ni el coronavirus podría entrar por ningún lado. 


3.
“Nada bueno pasa después de las 2 a.m.” dicen en How I met your mother. Y yo digo otra cosa. Pasaron dos años y medio que deje de hablar con alguien que quise, lo intenté una y otra vez; una propuesta (para vernos) ignorada bastó para darme cuenta. Era el momento de avanzar, pero cuando menos me lo esperé ahí estaba yo, charlando como si nada, un te quiero que no creí leer otra vez. Aida me aconsejó ir con cuidado, en especial porque yo salí lastimada y eso he hecho, sin embargo no se ha ido el deseo de intentarlo; le pasé mi número y fuí ignorada. No supe corresponder que soy parte de su círculo de mejores amigas. Las cosas cambian, uno crece, ya no es el mismo que era tiempo atrás, pero algunos no lo entienden o no lo quieren ver. Regresar con personas que me han hecho daño, por las que he llorado una y otra vez, alguien que sólo me reclama cosas sin sentido sería cometer un error. Abstenganse de llamar al ex, (novio, novia, amigo, amiga) no es sano volver a lo que nos hizo daño. “Nada bueno dejará alguien que te mandó a la chingada.”

4.
Entre una y otra cosa, no puedo evitar darle la razón a lo que me dijo mi profesor con las cartas del tarot: yo tengo la culpa, los demás se van. He pensado que atraigo (o me atraen) las relaciones tóxicas. La idea de convertirme en una persona intolerante se apoderó de mí, aunque un comentario fuera de lugar en el momento incorrecto, me bastó para darme cuenta que no es así. El confinamiento no está sacando cosas extrañas de las personas, más bien están saliendo las verdaderas esencias en el aburrimiento. No soy yo, eres tú. 

5.
Mi escritura ha sido afectada, no fluye como me gustaría y no es un bloqueo ni falta de inspiración, son las consecuencias del encierro. Leí un artículo de una psicóloga que explica el por qué la falta de ánimo, la flojera o la ausencia de ganas se debe al proceso del duelo. La cancelación de fútbol, conciertos o planes agendados, combinado con la incertidumbre del qué pasará después (especialmente la economía,) es lo que nos causa sentirnos así. Tardé dos semanas en escribir un capítulo, y eso no convencida del final, tengo deseos de escribir un guión, debo corregir dos cuentos y nada de nada. He disfrutado hacer el podcast, realizar pláticas en vivo pero eso no evita el aburrimiento o la ansiedad. Para un introvertido, tampoco es fácil vivir en un encierro obligado.

No soy la única que desea que ésto termine, ver a los amigos, disfrutar de un día en su compañía, abrazar o besar, tocar... Ojalá que al salir estemos enteros y la locura no nos haya carcomido. 









No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Escribir

¿Qué escribo?

Por la mente me transcurre una infinidad de libros, aquellos que me llenaron de vida y me sirvieron como inspiración para desear ser escrit...